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Análisis | Do Not Feed the Monkeys

Crear una premisa en un videojuego, y en cualquier ámbito en general, no es nada fácil. Y más cuando mezclas: una sociedad secreta que espía gente, monos, voyeur, tramas ocultas y gestión de recursos. Es aquí donde aparece Do Not Feed the Monkeys un juego tan extraño como absorbente donde todo girará en torno al misticismo y la observación.

¿Qué oculta una familia recién casada con un bebé en camino? ¿Y una granja en medio del desierto? ¿Será un humilde gestor de finanzas, solo eso? Todas estas preguntas y muchas más son las que nos propondrá este curioso juego.

Nada es lo que parece… o si

Nada más empezar el juego nos avisa de donde nos estamos metiendo, todo con una semántica donde los monos son el principal protagonista: una sociedad secreta nos permite ser miembros a cambio de que investiguemos y observemos lo que ellos denominan “jaulas”. Estas “jaulas” son en realidad cámaras que monitorizan la vida de varios “monos” que tendremos que observar para intentar averiguar que están ocultando. Esta sociedad nos facilitará un ordenador con un software llamado Monkey Vision 2.0 con el que al principio controlaremos 4 jaulas, un sistema de correo donde recibiremos misiones, un navegador para buscar determinadas palabras y un chat para comunicarnos con diferentes personajes que iremos descubriendo.

Nuestra misión a partir de aquí será investigar lo que ocurra en estas jaulas y poder averiguar si, nuestros peculiares monos, ocultan algo. Para ello tendremos una mecánica bastante curiosa basada en conceptos: cada jaula tendrá objetos o palabras resaltadas en las conversaciones que podremos añadir a nuestra libreta. Para conocer más detalles de la jaula en cuestión tendremos que ayudarnos del navegador utilizando las palabras que tenemos en el diario o una combinación de dos de ellas.

En ocasiones las búsquedas son bastante obvias pero en otras tendremos que pensar que dos conceptos nos pueden llevar hasta una posible solución. También podremos agrupar estos conceptos para conseguir un “concepto mayor” con el que poder responder a ciertas preguntas que nos hará la sociedad secreta. 

Dame una cámara y cotillearé el mundo

Con un cuidado pixel art que ayuda a meternos dentro de la locura que nos plantean y un sistema de juego simple, Do Not Feed the Monkey, se asemeja mucho a una aventura gráfica, donde tendremos ciertos elementos que tendremos que combinar para resolver un rompecabezas. Pero no sólo tendremos que preocuparnos de mirar a través de 4 jaulas si no también de otros factores.

Las mecánicas más allá de la mera observación de las jaulas son todo un rompecabezas en sí mismo: todo encaja a la perfección y cualquier desequilibrio hace que no funcionen como deberían. El tiempo es una pieza más dentro de este puzzle y a veces nos jugará malas pasadas. Tendremos objetivos periódicos, como son pagar el alquiler o cumplir un objetivo de jaulas adquiridas, que nos obligarán a traer dinero a casa.

El dinero lo conseguiremos haciendo trabajos (que nos requerirán horas y esfuerzo) o cumpliendo misiones que nos mande la propia organización que puede ser desde “¿Cómo se llama el mono de la jaula 3?” hasta “¿Dónde vive la madre del mono de la jaula 9?”

El dinero también nos servirá para comprar comida e intentar nivelar la salud con el hambre. Fruta, yogures, café y pollo será nuestra dieta aunque, si no tenemos tiempo, podemos sacrificar parte de nuestra salud y pedir comida rápida. 

Cotillear para no morir de hambre

El juego sabe donde está su potencial y lo aprovecha continuamente. Las historias que podemos ver a través de las cámaras son de lo más corrientes pero siempre encontraremos algo que nos haga dudar de lo que estamos viendo. El juego nos incita a investigar y, llegado el momento, interactuar con los propios personajes para decidir que va a ocurrir con ellos. Nuestro objetivo, a parte de comprar jaulas para ascender en la organización, será cerrar cada una de las jaulas averiguando todo cuanto nos sea posible. En ocasiones acertaremos con nuestras decisiones y en otras desencadenaremos una serie de sucesos que pueden terminar con un gran Game Over en nuestras pantallas. Esto es importante: el juego puede acabar en cualquier momento.

En este aspecto el juego nos dará posibilidades y opciones durante toda la partida e incluso nos tentará con decisiones muy jugosas que después nos traerán consecuencias… o bonificaciones.

Cada partida es totalmente aleatoria por lo que las jaulas que vayamos comprando no se repetirán entre si y algunas tendrán una sub cámara que tendremos que desbloquear en su momento. Eso sí, el juego cuenta con un número determinado de historias y otras tantas jaulas de relleno. Esto quiere decir que si rejugamos este título puede que se repitan las historias y de la misma manera que en la anterior partida lo que le quita algo de rejugabilidad.

Mención especial para la música del juego. Para no molestarnos en exceso con sintonías repetitivas y en bucle han ideado un sistema para que la música parezca que viene de un vecino. De vez en cuando se escuchan pisadas, golpes, bebés llorando tal y como se escucharía en un piso de un barrio céntrico. Un detalle que puede pasar desapercibido pero que es todo un acierto a la hora de jugar.

No alimentes al mono

Do Not Feed the Monkey ha supuesto todo un descubrimiento para mi. Cuando leí la sinopsis por primera vez, donde me proponían jugar a un simulador de voyeur, no podía imaginar que 4 horas después seguiría intentando descubrir todas las incógnitas que guardan las historias de las jaulas o la mejor manera de llegar a final de mes y poder expandir más el software. Un juego divertido, fácil e intuitivo que coge conceptos dispares y crea un juego adictivo donde sólo (como si fuese poco) tendremos que estar atentos a una serie de jaulas.

El único punto donde cojea es la rejugabilidad ya que lo más probable es que queramos volver a rejugarlo, para hacer bien una jaula que nos salió mal o descubrir más historias, y muchas de ellas se repiten o son de relleno. Esto es algo que no empaña el soplo de aire fresco que supone un juego de este tipo. 

Y recordad, sobre todo, no alimentéis a los monos.

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