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¿Para qué estás aquí?: La toxicidad en el mundo del videojuego

Estoy convencido de que la gran mayoría de los que estéis leyendo este texto habréis presenciado cientos de discusiones de lo más variopintas a lo largo y ancho de todo Internet. Y no solo en referente a videojuegos.

Desde el cine a la música, pasando por la literatura o incluso el teatro. Parece que ninguna expresión artística se libre de tener a grupos de seguidores que libran contiendas con el objetivo de colocar su opinión por encima del resto. En todos los años que llevo en esta comunidad, esto es un tema que siempre me ha llamado la atención.

Y ahora que tengo la oportunidad de trabajar para una web especializada, he adquirido una nueva perspectiva sobre la prensa del videojuego que me ha llevado a realizar este escrito. Y es que vengo a comentar una serie de temas que suelen originar enfrentamientos entre los fans de este medio. Los cuales me han llevado a plantearme una pregunta que hace semanas que no se me va de la cabeza: ¿Qué estoy haciendo aquí?

Metacritic como juez supremo

Si alguien ha leído alguno de mis análisis en esta web, se habrá dado cuenta de que a los videojuegos de los que hablo nunca les otorgo una nota numérica. Ni tampoco un calificativo al estilo de “notable” o similar. Ya que me parece que esto solo ha servido para originar más discusiones y disputas dentro de la industria.

Puedo entender que se utilice como una forma sencilla de comunicarle al lector cual ha sido la conclusión de tu disertación. Una escala de valores del uno al diez que sirve como resumen a una serie de argumentos y explicaciones expuestas. El problema radica cuando la interpretación de ese número se vuelve un debate en sí mismo.

He hablado con personas que dicen no compran juegos que reciban menos de un siete porque eso significa que no valen la pena. Hay gente que se enfada si un juego que les gusta recibe una nota de ocho porque creen que no es suficiente. Mientras que otros consideran que el seis es prácticamente un sinónimo de que el juego está roto y resulta injugable.

Una escala numérica es un concepto matemático y por lo tanto es en cierto modo algo objetivo. El siete es más pequeño que el ocho y el cinco es justo la mitad. Pero la interpretación de la escala, al final del día, está en la visión subjetiva del receptor. Por lo que, bajo mi forma de verlo, no es más que un elemento distractor.

Uno que opaca lo que debería brillar por encima de todo: El texto. No son pocos los debates que he visto comenzar en torno a un número pero ninguno de ellos había leído una sola palabra que había dejado el autor. Y eso me inunda de tristeza. Porque todo el trabajo que supone extraer una conclusión argumentada se ve menguado por un número con el que justificar los argumentos de una discusión.

La inservible objetividad

En los párrafos anteriores he mencionado los conceptos de objetividad y subjetividad. Términos que han sido utilizados decenas de veces como armas en las interminables guerras sobre la prensa del videojuego. Lo que me ha llevado a la conclusión de que, en el fondo, la objetividad a la hora de analizar un juego no sirve para nada.

Siguiendo la definición que nos ofrece la RAE, ser objetivo respecto a algo es mencionar las cuales del objetivo es sí mismo con independencia de la propia manera de pensar o de sentir. Esto aplicado sobre la redacción de un suceso es sencillo de entender. Las cosas han pasado de una determinada manera, en un momento concreto y según una serie de fuentes que han podido presenciarlo.

Ahora llega el momento de aplicar esto mismo sobre un concepto tan complejo sobre un videojuego. ¿Puedes convertirte en una hoja en blanco cuando juegas? ¿Alguien que ni siente ni se emociona? La respuesta es clara: Emitir cualquier sentencia sobre un juego implica, de forma inequívoca, la emisión de un juicio de valor.

Si nadie se implicase a nivel emocional a la hora de escribir un análisis, solo contaríamos con textos descriptivos. Donde numeren la cantidad de habilidades de las que disponemos o los botones que debemos apretar para atacar. Y como es evidente, eso no sirve de nada al lector.

Cuando voy a leer un análisis, quiero saber que ha sentido el redactor. Quiero que me describa con pelos y señales cual ha sido su experiencia a los mandos. Porque es la forma más cercana a lo que voy a vivir cuando sea yo quien me coloque en su lugar. Y quizá no coincida con las sensaciones del autor.

Por eso tenemos la suerte de disponer de decenas de webs con puntos de vista únicos que me pueden ayudar a sacar una conclusión más cercana a mi experiencia final. O que, por lo menos, me invitarán a reflexionar. Porque es muy importante leer cosas con las que no estés de acuerdo. Ya que nos ayuda a plantearnos nuevas perspectivas con las que quizá no contábamos.

Seria triste que todos esos miles de análisis fueran objetivos, dando descripciones exactas de lo que nos vamos a encontrar, sin implicaciones a nivel emocional ni valoraciones personales. Entonces con leer uno de ellos ya nos bastaría. Aunque no nos serviría para nada.

La prensa como dios superior

Pero por algún motivo, la gente tiende a enfadarse muchísimo con esto. Se cabrean porque los medios han dicho que la historia del juego que les encanta no les ha parecido buena. Por una serie de motivos argumentados. Con los que puedes estar más de acuerdo o no. Pero son sus motivos.

Al igual que tú en concreto tendrás una serie de motivos, más o menos personales, por los que a ti te parece que la historia de ese juego es lo mejor que te ha pasado en la vida. Y eso es fascinante. Porque tú puedes aportar un nuevo punto de vista a todo el mundo.

Puedes utilizar el altavoz que nos brinda Internet para compartir con todos tu opinión. Para que así, alguien pueda plantearse nuevas cuestiones, que igual le hacen o no estar de acuerdo contigo. Pero en lugar de eso, decides acallar las voces de los que piensan diferentes. En especial, las de la malvada prensa.

La cual ha cometido el terrible crimen de tener una visión determinada. Llegó la hora de deciros algo, bastante sencillo de entender, pero que parece que no queda claro: Los análisis los hacen personas. Una con nombre y apellidos. Con un historial de juegos concreto. Con una serie de gustos y preferencias. Exactamente igual que tú.

Lo único que os diferencia es que el redactor a podido jugar con anterioridad el juego que analiza. Y que tiene una serie de conocimientos para elaborar un texto que exprese con claridad sus sensaciones a los mandos. Y ya está.

La prensa no pretende sentar cátedra ni cincelar verdades en mármol como si se tratasen de dogmas de fe que no tienen posibilidad de ser rebatidas. Por lo que no hace falta usarlas como argumento de autoridad ni como motivo para estar cabreado. De verdad, no dejéis que la prensa sea lo que os hago o no disfrutar de un determinado juego. Sería muy triste que fuera así.

La necesidad de respaldo

Esto es un fenómeno que he podido observar a lo largo de los años. Sobre todo en los análisis que se publican antes de la fecha de lanzamiento del juego. Y es que parece que antes de que un videojuego salga a la luz, la gente forma una opinión generalizada de la nota que merece tener. Cualquier voz disidente es acallada aún cuando todavía no ha salido al mercado.

Es común ver a gente que celebrando, como si fuera una victoria personal, que un juego que les gusta ha recibido alabanzas por parte de la prensa. Lo cual, hasta cierto punto, puedo llegar a comprender. Es estupendo que la masa opinativa sea positiva porque eso significa que habrá más posibilidades de que el juego que te gusta llegue a más gente.

El problema viene cuando esto se convierte en un nuevo cuchillo para la colección. Y estoy seguro de que muchos habréis vivido una situación similar a la que os voy a comentar como ejemplo. En día cualquiera de universidad, escuché como dos personas, que se acaban de conocer compartían gustos y recomendaciones.

Esto, a priori, es algo muy positivo. Tener a alguien con quien charlar y debatir sobre tus aficiones es maravilloso. Pero lo que sucedió me llamó mucho la atención. Cuando pasaron a charlar sobre anime, uno de ellos decía no ser muy experto, alegando que solo había visto unos cuántos. Cuando citó a Sword Art Online y One Punch Man, a la otra persona se el cambió el rostro por completo.

Parece ser que dichas series no eran de su agrado, con lo que acto seguido, le dijo que dejase de ver esas “basuras” y le recomendó que se viera algo de calidad como Cowboy Bebop. Sinceramente, creo que no conozco una peor manera de recomendar algo a alguien que utilizando esas formas.

Para empezar, a mi también me encanta Cowboy Bebop. Y a mínimo que busques un poco podrás encontrar diversos análisis de una gran variedad de personas a las que también le encanta. Pero eso no te da más peso a la hora de hacer una recomendación. Sobre todo cuando minutos antes has pisado los gustos de la otra persona como si no valiesen nada. Si te gusta mucho una serie, película o lo que sea, no dudes en recomendarla a todo el mundo para que puedas tener más gente encantada como tú. Para ello no necesitas que mucha gente respalde tus gustos.

Entiendo que el ser humano tienda siempre a verse validado por el resto de las personas. Pero si tu estás convencido de algo, ve adelante con ello y dejes que nadie te pisotee porque tu opinión no encaje con la de los demás. Esto no es una batalla. Somos personas disfrutando y recomendando productos artísticos.

La guerra de consolas ya no existe

Hablando de batallas, no puedo hablar sobre toxicidad en el medio sin mencionar el debate más importante de todos. De verdad que me resulta fascinante que, en el año 2020 ya, siga habiendo peleas por ver quien tiene el derecho a decir que su consola es la mejor.

Para empezar, partamos de la base de lo absurdo que suena ver a gente pelear en nombre de empresas multimillonarias que estudian, de manera exhaustiva, formas de sacarle dinero a sus usuarios. No quiero entrar a debate de cual lo hace de forma más abusiva ni nada similar. Son empresas y quieren generan beneficios. Punto.

Pero toda esta especie de ideología que se ha creado alrededor de ellas tienen un aroma que resulta asqueroso. Porque en el fondo todo se sustenta sobre la superioridad moral y el ego de sus usuarios. Los cuales quieren dejar claro que ellos han optado por la decisión correcta.

Ellos han pagado por la mejor consola donde pueden jugar a los mejores juegos. Y tu no, tu estás equivocado. No formas parte del grupo. Grupo que tan solo se diferencia en el dinero que han invertido en su máquina de videojuegos. Ideología que termina cuando alguien puede tener la fortuna de disponer de todas las consolas.

Que de hecho, eso sería lo ideal. Si es tu afición y puedes permitírtelo, deberías tenerlas todas porque seguro que hay juegos fascinantes que te estarás perdiendo si tan solo dispones del dinero para comprar una. Pero ahí está el problema: Es difícil tenerlas todas. Para ello, toca tomar una decisión que, por algún motivo, enfada a mucha gente.

Cuando tenía 13 años y mis padres accedieron a comprarme una consola, tuve que tomar una decisión. Donde mi mayor influencia para decantarme por una PS3 fue mi amor por los JRPG y que mis amigos la tenían. Y ya está. No le debo nada a Sony. Y ojalá que hubiera podido pillarme también la 360 porque me quedé sin jugar a Blue Dragon por ejemplo.

Y parece que por el hecho de realizar una compra, entras dentro de un selecto grupo donde te toca aguantar críticas del otro sector. Cuando el hecho de pertenecer a uno a otro no es más que una barrera de precio. Pero claro, el ego del usuario siempre debe estar por encima. Mi decisión ha sido mejor que la tuya y por tanto, debe quedar claro que tú estás equivocado.

Mirad, puedo entender esto cuando éramos pequeños y los encargados de comprarnos la consola de turno eran nuestro padres. Una discusión de patio de colegio sobre si Mario o Sonic es mejor puede resultar entrañable. Pero ver a personas adultas, con una fuente de ingresos, entrar en disputas sobre la opción de compra que van a escoger me resulta hilarante.

Pero es más gracioso todavía cuando nos embarcamos hacia un futuro donde el cross-play será el pan de cada día. Donde podrás jugar en cualquier lugar a través de la red sin necesidad de una consola. Disfrutar del juego en equipo sin necesidad de que tus amigos estén en la misma consola. A las empresas no les interesan estas peleas. El mundo de videojuego avanza hacia el xCloud, al PlayStation Now y a Google Stadia.

Y eso debería ser fantástico para todos los que amamos este medio. Podremos contar con más opciones para jugar con nuestros amigos sin importar la consola que hayan escogido. Conseguir que el videojuego llegue hasta gente sin tantos recursos económicos. Estamos en la época donde deberíamos estar más unidos y nos empeñamos en seguir estando cada vez más separados.

Conclusión: ¿Para qué estás aquí?

Después soltar estas reflexiones al aire y darle muchas vueltas a la cabeza, he llegado a plantearme la pregunta que encabeza el artículo. Creo que la razón que me llevó a escribir sobre videojuegos fue mi amor por estos. La necesidad que sentía de compartir mi visión con todo el mundo para invitar a la reflexión y conseguir que la gente descubra títulos que me encanta.

Me gusta suponer que a todos los que nos encantan los videojuegos estamos aquí para compartir nuestra afición con los demás. Para descubrir nuevos juegos con los que divertirnos. Y narrar nuestras vivencias y anécdotas a los mandos. Eso es lo bonito del arte. Que invita a la reflexión y al intercambio de ideas. Pero parece que hay personas que se esfuerzan por convertirlos en una forma de extender su ego al mundo.

En una especie de batalla eterna donde existen ganadores y perdedores. Donde tenemos que matar al mensajero por cometer el delito de opinar de forma distinta. Se nos llena la boca cuando hablamos de la libertad de expresión por un lado, mientras que por el otro iniciamos contiendas cuando alguien no coincide con nuestros gustos.

Creo que ha llegado el momento de que todos nos planteemos varias preguntas: ¿Para qué estás aquí? ¿Para divertirte jugando y compartiendo tu afición con el mundo? ¿Para compartir reflexiones y puntos de vista? ¿O tratar de conquistar la cima alzándote con la verdad absoluta? Creo que a más de uno no le vendría mal sentarse a reflexionar un poco. Y recordar cual es verdadero motivo por el que estamos aquí.


Gracias a Lucas Saavedra por aportarme su punto de vista como estudiante de periodismo y al resto de mis compañeros que me han ayudado con sus experiencias para la realización de este artículo de opinión.

Ingeniero Informático en proceso y autoproclamado maestro Pokémon. En mi tiempo libre soy entrenador de los Alas Nocturnas. En esta web podrás leer mis experiencias como jugador. También puedes encontrarme en @ItsAkiraKurusu

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