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Northgard | Análisis

El invierno estaba a punto de llegar y mis depósitos de madera se encontraban en las últimas. Me veo obligado a redistribuir mis tropas para centrarme en la recolección de recursos. Mientras rezaba para que ningún lobo solitario decidiese darse un tentempié nocturno. Pero la diosa de la fortuna me sonríe en forma de un nuevo territorio donde puedo colocar una granja en la que producir suficiente comida como para recompensar a mi pueblo con un gran festín que me permite pasar la época de frío con alegría y jolgorio.

En esencia, de esto trata Northgard. De estas pequeñas anécdotas que suceden mientras gestionas a tu pequeño pueblo vikingo hacia la victoria. Todo lo que rodea a este juego de estrategia y gestión de unidades está cuidado con mimo, haciendo que su núcleo jugable sea recibido de forma mucho más apetecible y accesible para todo el mundo. Tanto la interfaz como los controles comunican con claridad cuáles son los engranajes que hacen girar a la partida, haciendo que a las pocas horas nos hayamos familiarizado con sus sistemas de forma sencilla.

Su ambientación y cuidado diseño artístico ayudan a crear una experiencia inmersiva.

Y es que por mucho que en las capturas pueda dar a entender que estamos ante un Civilization con una capa de pintura nórdica por encima, hay que hacer un par de matizaciones al respecto. Ya que aquí no tenemos conceptos como los turnos o las cuadrículas, haciendo que todo gire en torno a la gestión de tu población y las diferentes profesiones a las que los asocies. Todo ello aderezado con una fina capa de fantasía, como las criaturas mitológicas o las bendiciones de los dioses.

Como viene siendo habitual en el género, nuestra misión es tratar de expandir nuestro pueblo y conquistar cuantos más territorios mejor. Aun así, podremos alzarnos con la victoria por diferentes vías, como la diplomática o desarrollando al máximo las capacidades de nuestro reino.

Para ello, debemos tratar de mantener el equilibrio entre los recursos básicos para la supervivencia de nuestro imperio: La comida, la madera y el dinero. Conseguirlo o no depende enteramente de tu capacidad organizativa, tu habilidad para gestionar las unidades con rapidez y tu sabiduría para priorizar ciertas tareas por encima de otras.

Porque la rutina del juego es bastante sencilla: El ayuntamiento produce aldeanos. Si quieres más aldeanos, construyes casas. Si quieres comida, buscas prados para granjas o zonas de pesca. ¿Necesitas madera? Encuentra un bosque y coloca un par de leñadores. Si vas corto de dinero, creas un mercado y comienzas a comerciar con recursos de los que abundes. Evidentemente estoy haciendo un resumen con brocha gorda, pero la conclusión es que todo problema que pueda surgir tiene, a priori, una solución casi inmediata.

Por lo que, sobre el papel, mientras sepas gestionar el número de aldeanos y sus diferentes profesiones, puedes sobrevivir con calma. Es como navegar en un barco que se hunde por tres agujeros. Si controlas bien el ritmo y los tiempos, aunque tengas dos manos puedes gestionarlo lo suficiente como para llegar a puerto.

Las características del terreno son muy variadas, desde poblados bosques hasta catacumbas que explorar.

Pero aquí es cuando entra la mecánica del invierno. Ya que el tiempo es un concepto físico que nos marca siempre el inicio de una época donde el frío y el hielo invaden nuestro territorio haciendo que el consumo de madera y alimentos se disparen de forma exagerada. Durante lo que dure esta etapa tendremos que cambiar por completo nuestra forma de jugar y priorizar las tareas de recolección, y, por lo tanto, nos quedamos más expuesto a posibles ataques o imprevistos.

Es entonces cuando la partida se convierte en una carrera contrarreloj tratando de dirigir a tu pueblo de la forma óptima. Para poder explorar, construir edificios, planear batallas y que al final del día vayamos lo suficientemente sobrados de recursos como para que sea posible llegar al invierno con seguridad. A todo esto habrá que sumarle los diferentes imprevistos que podrán aparecer en nuestra partida y que pondrán a prueba nuestra capacidad de reacción. Desde incendios que dejarán inservibles nuestros edificios, pasando por las plagas de ratas o los míticos lobos salvajes que nos atacarán en los momentos más inoportunos.

Pueden parecer un par de detalles sin importancia, pero a la hora de la verdad son los que consiguen que Northgard tenga un ritmo jugable la mar de estresante y adictivo.

El invierno nos pondrá contra las cuerdas, obligándonos a replantear nuestras estrategias a máxima velocidad.

Sin embargo, cabe destacar que quizá en comparación a otros títulos del mismo género puede parecer algo parco en cuanto a mecánicas o posibilidades. Las diferentes facciones nos otorgan pequeñas ventajas iniciales y nos aportan beneficios si nos centramos en gestionar la partida en torno a los bonificadores que nos otorgan. Pero para un jugador experimentado quizá las podría encontrarlo algo escasas o que las diferencias entre una u otra no sean tan sustanciales, especialmente entre los clanes iniciales.

También debo mencionar que no solo cuenta con actualizaciones periódicas y de contenido adicional en forma de nuevos clanes, si no que viene con el añadido de un modo campaña. Lo que nos cuenta no deja de ser una clásica historia de venganza que sirve de excusa para construir una especie de tutorial donde controlaremos a las diferentes facciones. En cada capítulo de los 11 que la componen tendremos un objetivo principal que cumplir para poder avanzar en la trama. Aderezado eso si de diversas misiones opcionales que nos otorgarán estrellas que hacen las veces de coleccionable para los más completistas.

A todo esto hay que añadirlo un punto positivo y es que no trasmite esa sensación forzada de estar jugando a un clásico tutorial disfrazado. Este modo consigue presentarnos, de forma excelente, las diferentes situaciones que pueden darse en una partida de Northgard. Y aunque la historia no será recordada para toda la eternidad, plantea los suficientes giros y sorpresas como para mantenerse interesante durante las 8 o 9 horas que puede ofrecernos.

Los diferentes clanes nos ofrecerán formas distintas de alcanzar la victoria en nuestra partida.

Además, gracias a este modo, puedes aprender pequeños detalles muy útiles que aplicar en tu partida. Yo, por ejemplo, hasta que no jugué con el clan de la cabra en la campaña no supe de la importancia y la utilidad de las ovejas. Y ahora es de las facciones que más utilizo. Ya que la campaña te obliga a dominar ciertos detalles concretos para poder obtener la victoria. Desde gestionar tus unidades de combate para una gran batalla hasta controlar con maestría las rutas comerciales. Y si quieres completar los objetivos secundarios, prepárate para aprender a gestionar tus recursos disponibles de la forma más eficaz posible. Consiguiendo de paso la habilidad necesaria para poder alzarte con la gloria en las partidas libres con mayor soltura.

Con todo esto, llegó la hora de que abordemos la pregunta que se cierne sobre cualquier análisis. ¿Recomiendas que juegue a Northgard? Si eres un jugador habitual de esta clase de géneros quizá no te parezca lo suficientemente compleja. Pero si buscabas un juego que te atrape por su cuidado diseño o disfrutar del desafío de superar la campaña al completo, estoy seguro de que te podrá conquistar. Si eres nuevo en este tipo de géneros, Northgard es una puerta de entrada muy sólida, que te llevará de la mano de forma progresiva hasta convertirte en un maestro de la gestión de recursos. Por lo que agarra tu hacha, déjate frondosa barba vikinga y prepárate para hacer que tu nombre resuene hasta en el mismísimo Valhalla.

Sobra decir que, si te gusta la mitología nórdica, vas a disfrutar mucho de sus constantes referencias y detalles.

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