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Flying Soldiers, la lógica dentro de una guerra aviar

Flying Soldiers es ante todo un juego de puzzles donde, a través de varios elementos, podremos corregir el avance de nuestros pájaros soldados y llevarles hasta su objetivo. Solo nuestro ingenio y conocimiento de los elementos con los que contamos conseguirá que nuestro escuadrón sobreviva a los peligros que tengan por delante.

Siempre he dicho que los estudios indies tienen un margen mucho más amplio para crear y desarrollar mecánicas que se salgan de las fórmulas establecidas. Por eso, entre tanto mundo abierto, shooter multijugador y juegos donde de 100 jugadores solo sobrevive uno, se agradece ver como hay propuestas que se centren en desarrollar otros conceptos y reavivar la llama de géneros que han sido relegados a un segundo plano.

Dentro de este pequeño alegato que me acaba de la manga incluyo al título que nos atañe en este texto: Flying Soldiers. No es para menos ya que Wildsphere, los creadores detrás de este “conflicto aviar”, llevan intentando dar una visión propia de lo podríamos llamar juegos de lógica. Sin ir más lejos hace nada pudimos tener entre nuestra manos Naught que ya mostraba esa intención por hacer que el jugador tuviese que esforzarse en pensar bien el siguiente movimiento (o giro, como queráis verlo).

Nos ponemos el casco, nos ajustamos el chaleco y ¡despegamos!

1, 2, 3 ¡FORMAD FILAS!

Flying Soldiers es ante todo un juego de puzzles donde, a través de varios elementos, podremos corregir el avance de nuestros pájaros soldados y llevarles hasta su objetivo. Solo nuestro ingenio y conocimiento de los elementos con los que contamos conseguirá que nuestro escuadrón sobreviva a los peligros que tengan por delante. Para ello tendremos, desde una valla para corregir el camino de nuestros soldados, pasando por puertas que pararán su avance, hasta plataformas de salto que les harán levantar el vuelo durante unos segundos.

Todo ello habrá que utilizarlo de la mejor manera posible a través de tres carriles por donde podrán avanzar nuestros soldados, con el objetivo de que lleguen sanos y salvos hasta la meta. Por el camino también tendremos que recoger una medallas que servirán de objetivo secundario en todas las misiones si queremos obtener los trofeos correspondientes. Una mecánica de juego simple y concisa que parte de una base sencilla y que se va complicando a medida que avanzamos en las misiones. Contar con más recursos no significa facilitarnos nuestra tarea, si no darnos medios para combatir más peligros.

A la hora de editar nuestros recorridos estamos un poco anclados al sistema de manejo de consola, donde abrir menús o colocar ciertos elementos, se complican con respecto a un control táctil o con teclado y ratón, mucho más preciso. Además algunos elementos como las medallas no queda claro en que nivel (de los tres de profundidad) queda y hay que hacer algun truco para verlo correctamente. Nada que una sombra a nivel de suelo o un número encima de la misma indicando la profundidad no arreglen.

Para terminar este apartado decir que Flying Soldiers no tiene una dificultad elevada. Todos los niveles, aunque bien pensados y planteados, se pueden pasar sin sufrir una frustración por no enconrar la manera de acabarlos. Conseguir el 100% del nivel si que nos llevará unos cuantos intentos más pero es una forma de retar al jugador que siempre se agradece. Con este párrafo quiero dejar claro que es un juego idóneo para jugar en compañía de los más pequeños de la casa dejándoles que ellos mismo planteen los niveles y las construcciones y acompañándolos en ciertos momentos para corregir algún error. Lo que me lleva al siguiente punto…

Esto me suena de algo…

Algo que me ha ayudado ver el excelente trabajo de Wildsphere a la hora de plantear los niveles ha sido verlo desde una visión de un programador. El juego es un continuo tira y afloja de ingenio donde tendremos que aprender de la manera en que los programadores aprendremos: ensayo y error. Planificar el nivel, ver los peligros antes de colocar ningún elementos o provocar muertes para ver donde colocar cada herramienta es algo más que necesario con el avance de cada misión.

Me parece una manera increíble para entrenar el pensamiento lógico de un niño o de un chaval adolescente ya que visualiza con elementos muy simples el propio código que podemos escribir con un teclado. Donde hay una valla podría traducirse por un “condición simple” (si me choco con esto cambio de carril) o donde hay una puerta podría traducirse por un “bucle con condición” (me espero aquí hasta que la puerta se abra). Lo se, me está saliendo el programador que llevo dentro.

Siempre he sido un defensor de los juegos (tanto videojuegos como de mesa) en la educación como una herramienta más para reforzar diferentes aspectos en el crecimiento intelectual de un niño. Aunque aún me miren raro, creo que juegos como Beat Saber o Dance Dance Revolution pueden ayudar con la motricidad o juegos como este pueden ayudar a entrenar el pensamiento lógico y a resolver pequeños problemas de un conjunto para conseguir un objetivo. Al fin y al cabo de eso se trata la programación.

Flying Soldiers

Lejos de mi entusiasmo por ver en su jugabilidad algo tan cercano a mi día a día, Flying Soldiers es un juego de los que recomendaría a cualquier padre que quiera alejar a su hijo de las garras de juegos que copan los vídeos destacados de Youtube. Un juego que además de entretener, busca que seas resolutivo con los elementos que tienes a tu alrededor para completar todas y cada una de las misiones. Un campo de guerra adaptado para que pequeños y mayores se enganchen hasta completar todas sus misiones y que, si tenéis un poco de experiencia, se os harán cortas deseando alguna más vía actualización.

Os dejo en este punto. Mi capitán ha dado el toque de diana.

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Con un mando entre las manos desde el 92. Crecí con un dragón morado, un erizo azul y un fontanero que no se dedica a la fontanería. De mayor intenté comerme la tarta... pero era mentira. Retarme a un duelo de insultos puede ser una decisión mortal. Y por si fuera poco, dirijo una isla de monos... por lo que de mayor ¡quiero ser un gran pirata!.

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