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Google Stadia, escasez y competencia

“El ingrediente fundamental es levantarse y hacer algo. Es tan simple como eso. Mucha gente tiene ideas, pero pocos son los que deciden hacer algo al respecto ahora. No mañana, no la próxima semana. Si no hoy. El verdadero emprendedor es un hacedor, no un soñador” ―Nolan Bushnell

Google Stadia cierra sus estudios de desarrollo de videojuegos y reduce sobremanera su capacidad de competir en el mercado. Sin exclusivos no hay marca, y sin marca poca venta va a obtener el gigante tecnológico. A través de un mensaje corporativo escrito por expertos en comunicación y dirigido no se sabe a quién, anuncian sus próximos planes y objetivos en modo power point. Como si fuera la crónica de una muerte anunciada, se desvanece la ilusión de Google de convertirse en el próximo boom de los videojuegos. La economía no es simétrica y no siempre funciona la misma cantinela. Por ello, adelantarse a los tiempos suele salir poco rentable.

La experiencia marca que todo cambio exige prudencia y los tres hegemones del sector (Microsoft, Sony y Nintendo) vienen con la lección más que aprendida. Lo hemos podido ver, por ejemplo, en la modalidad digital de PS5/Xbox, en el éxito que está teniendo la Nintendo Switch frente al fracaso que supuso la infravalorada Wii U o en lo astuto y hábil que está siendo Phil Spencer. La competencia está echada y la triada no se va a dejar avasallar tan fácilmente por el gran hermano tecnológico. Sin más dilación, procedemos a desmenuzar las posibilidades de supervivencia que tiene Stadia. Como gente civilizada, con argumentos a favor y en contra. Aunque ya os adelanto que la Bruja Lola estaría preparando las dos velas negras.

Por el principio. Stadia es un servicio en la nube, es decir, no necesitas más que un dispositivo (ordenador, móvil, tableta), una buena conexión y un mando o ratón y teclado. A priori, podría parecer una opción muy a tener en cuenta, incluso barata, pero esto no acaba de verse reflejado en las ventas. Y la causa principal es la competencia que existe en el sector. Las barreras de entrada para Google son enormes y variadas, siendo las más evidentes la diferenciación del producto y la captación de clientes. Sony, Microsoft y Nintendo han fidelizado a su comprador y la tradición pesa. En nuestras vidas privadas solemos ser más conservadores de lo que creemos. Piensa en los bares, supermercados, cines o librerías a las que acudes. La mente es obstinada y no le gustan los cambios, cuando algo nos agrada, solemos repetir.

Para seguir con este ejercicio práctico, inventemos un usuario imaginario, que quiere jugar a videojuegos y está eligiendo el medio. Llamémosle Azul. Debemos partir de la base de que nuestro protagonista es un currela y podrá comprar una o dos consolas (como mucho) a lo largo de toda la generación. ¿Existe motivación suficiente para no comprar las consolas clásicas y adquirir los videojuegos a través de Google Stadia o suscribirse a su servicio? Si añadimos a la ecuación el ordenador y todas las plataformas de videojuegos existentes, la incógnita se complica más todavía y Stadia quedaría totalmente apartada. También debemos saber que la primera consola de Azul fue la Super Nintendo, por lo que tiene un cariño especial a la compañía nipona. La parte vaga de la mente le dice que compre la Nintendo Switch, pero Azul es alguien racional que sopesa los pros y los contras con cautela antes de tomar cualquier decisión.

Otro de los posibles problemas de Stadia es que, aunque el acceso sea sencillo a través del navegador, sigue siendo necesario tener un dispositivo. Y seamos sinceros, en un móvil no vas a jugar a Red Dead Redemption 2. Puede que en una tableta sí, pero ¿se consideraría la tableta como un bien sustitutivo de la consola? Ello dependerá de la gestión de los recursos personales de cada uno sabiendo que son escasos y tienen usos alternativos.

Otra de las opciones es que el objetivo de Google no sea ocupar la cuota de las demás, sino abrir la posibilidad de juego y expandir mercado. Esto tendría más sentido si observamos el avance imperial de Twitch o las grandes audiencias que están teniendo todos los streamers. También es cierto que pasaron años hasta que Netflix adquirió la cuota apabullante que sostiene hoy, por lo que Google se estaría preparando para el asalto en un futuro cercano.

Salvando los escollos anteriores, Azul confía en Google y opta por Stadia como primera fuente de ocio. Aquí nos topamos con otro bache. ¿Tiene un buen catálogo? La verdad es que no. En comparación con las demás plataformas, su catálogo es escaso y limitado. A todas las barreras de entrada anteriores, hay que añadir las relaciones con desarrolladores y editores. Google tiene que competir con empresas que llevan años tratándose, que son afines entre sí y que saben cómo funciona el sector. No obstante, Azul sigue confiando en el poderío de Google y comprueba que Stadia funciona de maravilla, está contento con su compra. El catalogo irá aumentando poco a poco se dice a sí mismo. Además, tiene exclusivos muy interesantes como Gylt. Pero ¿qué más? La espera acaba siendo eterna y Azul ha descubierto la siguiente y definitiva adversidad. La exclusividad.

Todos deberíamos estar de acuerdo en que la exclusividad vende consolas. La diferenciación entre las tres mencionadas anteriormente es clara. Cada una ofrece una experiencia diferente y depende en gran medida de los videojuegos que solo ella te puede ofrecer. PS4 ha sido un éxito rotundo la pasada generación gracias a la amplitud y variedad de su catálogo. Nintendo sigue siendo fiel a su marca y sacando partido a todas sus franquicias. ¿Hace cuánto que no vemos franquicias nuevas en la compañía de Kioto? Y, por último, Xbox, a falta de exclusivos potentes frente a Sony, está sabiendo aprovechar el potencial de su Game Pass junto con la compra de diferentes estudios. En todo este ecosistema, ¿qué nos ofrece Google Stadia?

El futuro es incierto y puede que en unos años Stadia y Luna sean líderes del mercado. Por ahora, parece improbable y lo más normal es que Azul ahorre y se acabe comprando una PS5, se haga con un buen ordenador que amortizará gustosamente o se compre una de las consolas de Nintendo. En ese ínterin, seguiremos pendientes de los cambios que se produzcan en nuestra industria favorita, esperando de manera receptiva la llegada del siempre imprevisible cisne negro. ¿Alguien vio venir la caída de Sega?

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Abogado. Ex-nadador frustrado. Escribiendo sobre cosas y videojuegos con unos monos que me encontré por la red. Bienvenidos al rincón de pensar.

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