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Mi experiencia durante un año con Game Pass

No puedo negar que el formato físico es mi predilección. Menos aún, cuando detrás mía tengo estanterías llenas de juegos físicos que he ido consiguiendo con el paso de los años. Por eso me sorprendo al reflexionar como enfocar un texto como este y buscar los pros y los contras, dándome cuenta de que mi opinión no es tan negativa como lo podría haber sido hace un año. Eso me inquieta y me reconforta, a partes iguales. Tal vez es ese miedo que tiene el ser humano en admitir que estaba equivocado en cierta manera.

Para nada menosprecié una plataforma como Game Pass, es más abogué y defendí su concepto como «el Netflix de los videojuegos» y aventuré que, entre los jugadores más ocasionales – y no tanto – tendría una gran aceptación por tener una estructura muy familiar a otros servicios. Mi reticencia seguramente estaba anclada a ese «que no me toquen lo mío» que vamos desarrollando con la edad. Creía que no era un concepto hecho para mí, ya que no pierdo la oportunidad de seguir acumulando más y más juegos físicos cada vez que tengo la oportunidad. En mi caso, nada reemplazará lo físico, pero en la mezcla de ambos conceptos es donde he encontrado mi zona de confort. Ahí donde el formato físico pierde la batalla contra lo digital, es donde se encuentra Game Pass y es donde mejor y más brilla.

Hace exactamente un año contacté con Microsoft interesado por varios títulos en su catálogo. Esperaba una clave, una forma de poder jugar a sus títulos desde su propia plataforma o incluso una invitación a un contenido beta según se lanzasen sus títulos. Sin embargo, confiados ciegamente de que Game Pass nos impactaría, lo que recibimos fue un año completo del servicio. Mi conocimiento del servicio era totalmente externo, no había profundizado en la plataforma; ni siquiera había canjeado el código de prueba, ni me había planteado la suscripción ya que mis ansias jugables estaban totalmente cubiertas.

Supongo que esto último influyó bastante a la hora de navegar por la aplicación que viene directamente con Windows, donde me asombré de encontrar títulos tan variados al alcance de un click. Mi primera descarga fue Halo: The Master Chief Collection, para poder revivir las primeras aventuras del Jefe Maestro, juego que me metió de lleno en los FPS allá por 2002 en un ordenador que echaba humo al iniciarlo aún con todas las opciones en bajo. Mientras el Jefe Maestro se acomodaba en mi disco duro, seguí visitando el catálogo marcando varios juegos a los que tenía bastantes ganas pero que nunca me decidí a comprarlos.

Game Pass hace bien muchas cosas – luego hablaremos de las que no -. Mi última frase resume una de las mejores cosas que tiene el servicio: la facilidad de acceder a los juegos. Siempre están esos juegos que dejamos pendientes, dudamos o incluso no queremos pagar un precio excesivo por un juego que no sabemos si nos va a gustar. En mi caso, mi gran pendiente era Ori and the Blind Forest que dejó de serlo en una de esas pasadas que di al catálogo. Game Pass lo pone tan fácil y tan sencillo, que acabas jugando a todo lo que te propongas. No solo eso, si no que en mi caso acabé jugando (y descubriendo) muchos juegos que de otra manera ni siquiera me lo hubiese planteado – como Full Throthle Remastered o Project Winter. Además, el tener los exclusivos de Microsoft de lanzamiento es algo con lo que nadie va a poder competir a menos que copien la estrategia exacta que están llevando con Game Pass.

Algunos de los títulos incluídos con Game Pass

Tener tanto catálogo a nuestra disposición es una espada de doble filo, o al menos lo era en el momento en el que entré a probar el servicio. De un año aquí, Game Pass ha cambiado muchísimo, de ser un acumulador de todos los títulos posibles, a ir poco a poco escogiendo lo mejor para la plataforma. Me acuerdo que un mes después de empezar a utilizar Game Pass me quejaba de la falta de indies, o de los títulos poco repercusivos que tenían en catálogo simplemente por rellenar y poder sumar un número a la lista. Sin embargo, abrir hoy la ventana del catálogo es encontrar una variedad de títulos (tanto AAA como indie) que sacia las necesidades de cualquier jugador. Encontrar juegos de la talla de Call of the Sea, Hollow Knight, Undermine o Super Hot: Mind Control Delete es muestra de que apuntan en el buen camino y ese cambio, ese giro en la dirección correcta es algo que me llevo de este año probando Game Pass.

He hablado de mis impresiones y de cómo he ido poco a poco adentrándome y dejándome seducir por el servicio. Tener Game Pass no ha supuesto que yo haya dejado de comprar videojuegos – como muchos dicen que pasa cuando tienes las suscripción -, al revés. Muchos de los títulos que he podido disfrutar han acabado igualmente en mi estantería, llámalo valorar el trabajo detrás de un desarrollo, llámalo querer ver la caja del juego que he disfrutado en mi estantería. Sin embargo, si que he podido acachar los mismos problemas que tienen las plataformas de streaming y que Game Pass no deja de tener por ser una plataforma de videojuegos.

Si dependes únicamente de Game Pass, jugarás lo que el catálogo tenga, no a lo que te apetezca jugar. Puede que hayas instalado un juego que requiera 150 horas, que te lo tomes con calma, y al mes siguiente no puedas terminarlo porque, por contratos, sale del catálogo. Esta problemática, es muy común en plataformas de streaming como Netflix con la diferencia de que una película sueles verla de una sentada y después, lo que pase con ella, te es totalmente indiferente. En los videojuegos es algo más complicado y, aunque avisan con antelación, la entrada y salida de títulos puede trastocar más de una partida. Esto crea una sensación de que hay que jugar mucho, en poco tiempo y de una manera casi autómata porque no sabes si la semana que viene ese juego, al que le has estado echando horas y horas, desaparecerá.

Además está en proceso xCloud, también incluído con la suscripción

Esto es algo con lo que el formato digital no va a poder contra lo físico y es aquí donde retomo mi argumento del principio. Si yo quiero jugar a un juego concreto, voy a la estantería y lo introduzco. A menos que el disco se haya dañado o sea ilegible, siempre tendré la opción de jugarlo. ¿Tengo menos donde elegir y no tendré juegos de salida a un clic? Sí, por supuesto, pero puedo elegir más allá de un catálogo limitado. De nuevo, esto es algo contra lo que Microsoft está intentado luchar, a través de la compra de estudios o incluso trayendo sagas que nunca han pisado PC, como es el caso de Yakuza o de la implementación de EA en su plataforma.

Lo que para mí es una molestia, seguramente para muchos sea una de las mejores características de la plataforma. La entrada y salida – cada vez menor, todo hay que decirlo – de videojuegos crea un servicio vivo que incita a jugar, descubrir y probar, pero sigo reticente, sigo con la idea de jugar a lo que quiera sin depender de un contador que me diga que se acaba mi plazo. El día que esto cambie o que pongan un remedio a la caducidad de los títulos (dejarlo en la biblioteca hasta completarlo, por ejemplo) será cuando Game Pass tenga poco más que echarle en cara.

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Con un mando entre las manos desde el 92. Crecí con un dragón morado, un erizo azul y un fontanero que no se dedica a la fontanería. De mayor intenté comerme la tarta... pero era mentira. Retarme a un duelo de insultos puede ser una decisión mortal. Y por si fuera poco, dirijo una isla de monos... por lo que de mayor ¡quiero ser un gran pirata!.

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