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Dialéctica del frenesí: Ape Out y el laberinto del Jazz.

Losv oy a matar a todoss.Vol1

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Ape Out es una experiencia sensorial eufórica y absolutamente crujiente. En ella, hay un primate descontrolado, sediento de sangre y de fuego; hay un Andrew Neiman sangrando detrás de una batería imaginaria, cuyas baquetas no paran de torturar a los platillos mientras nos abrimos paso a través de una violencia dosificada en laberintos. Hay una danza improvisada caóticamente, y una pista de baile salpicada por los frutos de nuestro caos. Hay unas luces estroboscópicas que nos sumergen en un trance lisérgico ultra energizado. Hay una entrada y una salida, y un cementerio sin tumbas entre las dos. Hay un jugador enojado con el mundo, y un juego que nos hará enojar.

Lo kinestésico:

La sensación de juego. Fenomenal. Pocas veces me he encontrado con un título cuyas mecánicas estén tan bien hiladas que puedas sentir todo lo que estás haciendo en él como si lo estuvieras haciendo en tu habitación. Sentía que yo estrellaba a esos guardias contra los muros, podía sentir su sangre enjuagando el suelo, y el andar de mi primate entre feroz y desigual. Se sienten las explosiones, se sienten los disparos, se sientes las heridas, tanto las que causas como las que te causan a ti. Todo en este juego se comunica a través de la sensación, no le falta ni le sobra, no hay embestida o esquina que exceda, o recoveco angosto que esté ausente. Todo está ahí, esperando a que manches.

Lo ergódico:

Como una de sus muchas herramientas para ponerte en modo führer, el juego te torea desde antes de soltarte, y lo hace con algo tan pretendidamente quieto como las letras. Antes de entrar a cada campo a sangrarlo, hay un nombre para cada nivel que se muestra de forma diegética en la pantalla. Lo delicioso cae cuando crees que se trata de un simple recurso estilístico, y entonces las letras se empiezan a mover, explotan, se separan, se mezclan y se superponen. Te están retando, el juego te anima desde antes de que todo empiece. ¿Vas a quedarte quieto, o irás afuera y te pondrás al servicio de la masacre? La pregunta es retórica. Tú ya sabes la respuesta.

Lo lumínico:

Una vez dentro, inmerso en tu propio frenesí, las luces del escenario te ayudan a llegar más alto. Más alto que la perspectiva cenital, más alto que los rastros rojos que te preceden. La luz te condecora por un trabajo bien hecho, aparece para adecuarse a tu estado cada vez que estrellas una cabeza contra una esquina, y se va para que nadie sepa de quién era esa cabeza. Se pone intermitente para acompasar tu carrera hacia la salida, y resplandece con fuerza para que no te pierdas un sólo centímetro de tu lienzo visceral.

Lo laberíntico:

Las estructuras son creta, tú eres el minotauro, y en esta deconstrucción del mito griego, es teseo el que muere de forma espectacular. Una y otra vez. ¿Y cómo no va a ser así? El escenario está perfectamente construido para respirar en sintonía con la danza del gorila; nunca se interpone y nunca interrumpe tu cadencia, y cuando piensas que estás atrapado entre decenas de teseos, una contraesquina, una ventana o un contenedor te dan la protección necesaria, te invitan a volver a la pista, y que siga el baile. Este laberinto es muy grande, del tamaño de tu furia; es muy variado en sus escenarios, como tus formas de matar; es confuso y minimalista, como tu propia coreografía por el mapa; pero el gorila sale, o no sale nadie más.

Lo Jazz:

Esta es la joya del lenguaje en Ape Out, es el párrafo que describe cualquier matanza. Es la dosis de adrenalina extra que convierte un empujón en una pared manchada de sangre; es la fuerza del primate arremetiendo contra el mundo, y los bombos y los platillos aplaudiendo su actuación. Pero encima de todo ello, es un crescendo que nunca explota, una tensión que no se ve liberada y que recarga los estímulos neurológicos de cualquier maldito que se siente a jugar este juego; es una sinfonía dirigida por el mono, y un cántico a su libertad. Cuando ya hemos matado todo lo vivo, cuando ya no nos aprisiona jaula o pared alguna. Cuando abrazamos aquello por lo que hemos diezmado a un ejército entero, es cuando el crescendo se desploma, exhausto, sobre sí mismo. Y el Minotauro ha salido del laberinto. The Ape goes Out.

High Rise, Ape Out
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Un día comencé a escribir sobre lo que los videojuegos me hacen sentir. Parecía tener sentido. No he dejado de hacerlo; no lo dejaré de hacer.

Escribo para Isla de Monos.
Estudio Lengua y Literatura de Hispanoamérica.
En general, soy una persona.

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