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Maid of Sker, un relato de terror basado en hechos reales

Llevo años y años enfrentándome a todo tipo de casos paranormales: mansiones encantadas, poltergeist enfurecidos, cintas de vídeo malditas y sobre todo casos de muertos vivientes que acaban con un festival de pólvora. Y, aun así, soy casi el único detective de mi agencia que sigue aceptando estos encargos; no tengo remedio. Tropezarme con un paquete, con el remitente de Avance Discos, al salir de mi oficina llamó mi atención sobre manera: “Si ha llegado este encargo hasta mí es porque la cosa va en serio”. Abrirlo y descubrir su contenido fue confirmarlo.

La casa Sker

Para entender los hechos acontecidos hace más de 100 años (1898 para ser concretos) tuve que desplazarme hasta un pueblecito perdido de la Gales más profunda. El nombre del pueblo sigue bajo secreto de sumario por lo que, para empaparos de la historia, solo necesitáis saber que la costa lo rodea. En el tren tuve la ocasión de hablar con varios lugareños que no querían hablar mucho con un forastero como yo. Sin embargo, a varios de ellos se les escapó el nombre de Elisabeth Williams. Introducir ese nombre en cualquier buscador daba como resultado una carita triste en la pantalla de mi móvil. Parece ser que la cobertura no quería estar de mi parte.

Quise pasar por alto el hecho de que fui la única persona que se bajó en aquella estación y que casi lo hice en marcha. Mi sentido detectivesco me estaba gritando que no bajase del tren, pero por mucho miedo que mi cuerpo sintiese, tenía que cumplir con aquel encargo: esclarecer la historia de Thomas Evans. Para ello, me había propuesto seguir todos y cada uno de sus pasos, meterme en la mente de propio Thomas y escribir mi propia valoración. Lo primero que me impresionó mientras recorría el camino hacía el hotel fueron sus increíbles paisajes, donde la luz y los detalles lograban trasportarme a un paraje idílico. Tanto que, cuando me di cuenta, me topé de frente con la puerta del hotel: Sker House rezaba el cartel de la entrada.

Para tener 122 años el hotel se mantenía en pie, pero en seguido supe que le faltaba algo; la energía propia de un lugar que había sido el referente turístico de la zona. En la entrada me percaté de un cartel que ofrecía como reclamo la actuación de la madre de Elisabeth, una gran cantante de la época. Las piezas iban encajando.

Entrar en aquella mansión no hizo más que confirmar el pánico que mostraron los lugareños a este lugar. La oscuridad, la frialdad y el olor rancio de la muerte que encerraban esas cuatro paredes eran signos de que algo terrible había ocurrido allí mismo y de que, por desgracia, la propia casa se había impregnado de toda esa mala energía. Entrar a plena luz del día me ahorró bastante trabajo. No quise imaginar como tendría que haberlo pasado Thomas entre tanta oscuridad.

Aquel hotel podría haber sido perfectamente una mansión y una buena muestra del lujo que se destilaba en el siglo XIX. A todas luces, la casa Sker, había sido un lugar que atraía a miles de turistas durante años. “¿Qué había ocurrido entonces para acabar así?”, era la pregunta que me iba haciendo mientras recorría el gran recibidor cuando algo topó con mis pies. Lo que en un principio pensé que era un saco mugriento, culpa de unos ojos que aún se estaban acostumbrándose a la oscuridad, descubrí que era el cadáver de un hombre adulto tirado cuan largo era en la entrada. Al menos acerté en lo del saco, ya que en su cabeza llevaba uno puesto.

Examiné el cuerpo sin poder arrancar aquel saco de su cabeza, alguien se había asegurado de que no se lo pudiese quitar. Las manos, magulladas y manchadas, junto a la imposibilidad de ver a través de aquella máscara improvisada, denotaban que se había estado moviendo a oscuras sin poder identificar que era lo que tenía a su alrededor. Algo curioso cuanto menos ya que en el informe decía que Thomas Evans había sido perseguido por cada rincón de la casa; ¿pero cómo? La lógica me decía que la casa estaría plagada de aquellos ¿hombres? ¿criaturas? y que habían perseguido a todo el que entrase en su terriotorio a través del sonido, como un murciélago caza a su presa o una hormiga sigue un rastro, pero la razón quería pensar que no.

Para asegurarme intenté buscar huellas y encontrar un patrón en ellas. Conseguí encontrar varias, casi del mismo tipo, mientras esquivaba más cuerpos y alguna capucha rasgada en el suelo. Efectivamente, las huellas denotaban un deambular sin rumbo menos en algunos momentos que se volvían lógicas hacia un punto en concreto. Después, vuelta a deambular. Esto también me llevó a fijarme en otro tipo de huellas que se encontraban pegadas a la pared y que seguían un patrón ordenado de alguien que había estado andando pegado a la pared y siempre con la espalda pegada a ella. Sin duda algunas tenían que ser las de Thomas.

No solo es respirar

Es entonces cuando me puse en su pellejo. La única herramienta que tuvo Thomas durante su aventura por las habitaciones de este peculiar hotel, fue el sigilo, el intentar llamar la atención de estos seres haciendo ruido en determinados momentos y silenciarse todo lo posible para pasar inadvertido. Mientras paseaba por la primera planta del hotel, y mis propios pensamientos se iban encajando entre sí, empecé a toser por culpa del polvo que había flotando en el aire. Instintivamente me puse las manos en la boca. Aquel gesto silenció casi por completo el ruido que estaba haciendo; otra pieza encajada. Thomas no contaba con armas, pero tenía recursos suficientes como para sobrevivir silenciándose lo máximo posible. “Algo es algo, ¿no?”

Recorrer cada una de las habitaciones era darme cuenta de las atrocidades que se fueron sucediendo con el paso de los años. Parte de la historia tras la casa Sker la contaba sus pasillos, paredes o cuadros, pero también sus propios protagonistas, en fragmentos que pude encontrar repartidos por toda la casa o en magnetófonos que no funcionaban del todo bien. No estaban todos, ni había una conexión entre ellos (“¿se los llevaría Thomas?”) pero creo que sin estos fragmentos, entender la historia detrás la Casa Sker es casi imposible. En aquellos fragmentos se hablaba de canciones, cultos y poderes superiores que corrompían a la gente. Era díficil adivinar que era lo correcto con palabras cortadas y tinta difuminada. La humedad no ayuda a un papel de hace 122 años.

Uno de los fragmentos en concreto hablaba de una melodía, de una canción llamada Y Ferch o’r Sger que se podía escuchar en cada rincón de la casa. “¿Cómo no había sido capaz hasta ahora de escucharlo?” Era casi un susurro, un grito ahogado cada vez que el viento se levantaba. Podría hasta asegurar que la voz de Elisabeth se podía distinguir entre aquellas notas. Y sin embargo allí estaba, solo.

Decidí terminar mi investigación lo antes posible, salir de allí cuanto antes. De repente me sentía como Thomas, intentando buscar la salida entre puzles oxidados, campanas que abrían puertas secretas y algún que otro rompecabezas demasiado sencillo tras mis años en esta profesión. Allí no había nadie, lo sabía, y aún así mi corazón iba más deprisa que el engranaje que active al intentar volver al vestíbulo. Algo cayó en frente de mí. Una bola dorada con lo que parecía un fusible aún encendido, llena de suciedad y sangre, y que se parecía demasiado a un diagrama que encontré. Mi atención pasó de aquella esfera a una sombra que me esperaba frente a la puerta de salida. Su movimiento torpe y lento, su gemido y su capucha me indicaban que no todos los seres de aquella casa habían perecido.

Si Thomas tenía razón era tan fácil como no hacer ruido, silenciarme a mí mismo y esquivarlo; al fin y al cabo parecía inofensivo. Había hecho esto otras veces, seguro que no era tan difícil. Esfera en mano y pegado a la pared fui acercándome a la puerta mientras aquel ser buscaba a ciegas a su presa. La mano en la boca evitaba que mi respiración se oyese más allá de un par de pasos y esa era la distancia que debía guardar en todo momento. Unos metros más allá sentí como podía acariciar mi salvación, aquella puerta por la que hacía unas horas había entrado, era mi conducto para salir de una pieza. Sin embargo, poner la mente en un futuro cercano cegó mi sentido de la percepción y golpeé un cuadro que cayó al suelo con un gran estrépito. El ser se abalanzó sin pensarlo hacia la dirección del sonido a sabiendas de que tendría caza aquella noche.

Mi cuerpo se bloqueó, mi mente no supo reaccionar, pero mi cerebro actuó por impulso dando una descarga que recorrió todos mis músculos. Aquella descarga hizo que apretase la esfera dorada que llevaba en la mano liberando una energía acústica que bloqueó por completo a aquella criatura. Tal vez el señor Thomas sí que tenía una herramienta para ponerse a salvo. “¿Qué estoy haciendo?” Es ahora o nunca.

Susurros entre canciones

El aroma del café inunda la habitación mientras escribo el informe pertinente sobre los acontecimientos ocurridos en la Casa Sker. Al llegar a la oficina lo primero que busqué fue el nombre que al principio de mi aventura no pude buscar: Elizabeth Williams. El folklore popular hizo el trabajo que mi investigación a trozos no pudo resolver y unió todas las piezas de un puzle imperfecto. Aquel hotel guarda algo, algo que solo los que de verdad se adentren podrán descubrir. Para mí y para mi cliente el misterio está más que resuelto pero el secreto de sumario me impide desvelar los datos. Una investigación corta para lo que estoy acostumbrado, pero intensa y llena de tensión. La indefensión es la peor de las sensaciones y aquella casa te obliga, una y otra vez a sentirse así. No eres nada. Nadie te puede salvar.

Quiero cerrar el sobre, lacrarlo, enviarlo y olvidarme de todo. Aún así, navegando entre las páginas que hablan de Elizabeth sigo recordando una melodía que nunca he escuchado. Aquella voz sigue retumbando en mi cabeza, aquellos momentos de tensión siguen agarrotándome los dedos de los pies. Puede que no conociese en persona a Thomas, pero conozco su historia y creo que eso es más que suficiente.

Al fin y al cabo, conocí la terrible historia de Maid of Sker.

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Con un mando entre las manos desde el 92. Crecí con un dragón morado, un erizo azul y un fontanero que no se dedica a la fontanería. De mayor intenté comerme la tarta... pero era mentira. Retarme a un duelo de insultos puede ser una decisión mortal. Y por si fuera poco, dirijo una isla de monos... por lo que de mayor ¡quiero ser un gran pirata!.

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