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Amor: La mejor mecánica de Pokémon

Hablar sobre esta saga siempre implica llevar una precisión en las palabras digna de un cirujano. Esto se debe, en parte, a que su base de jugadores está compuesta por personas con perfiles muy diferentes. Pokémon es una franquicia con más de 20 años a sus espaldas y que a lo largo de su historia ha generado cientos de emociones. Muchos de nosotros nos hemos criado con ella con lo que rememorar nuestra infancia implica, en cierta medida, acordarnos de ella.

Por lo tanto, no es extraño suponer que existan personas con preferencias muy dispares a la hora de disfrutar cada nueva entrega. Tenemos jugadores que son puramente competitivos y que van directos a crear sus equipos perfectos acordes al metajuego de la generación. Otros sin embargo se consideran completistas, que ven en cada nueva entrega una lista de Pokémon a los que capturar para rellenar su flamante Pokédex.

De entre todos yo siempre me he considerado una persona que disfruta de cada juego como una aventura individual. Una que empieza y termina en un punto determinado. Rara vez me ha dado por capturarlos a todos o hacer retos tipo nuzlocke. De hecho, nunca paso los que capturo de una generación a la siguiente. Yo disfruto Pokémon como un RPG con su historia y sus personajes, como un viaje que vivo con mi equipo de 6 amigos dispuestos a ser los mejores de toda la región.

Así pues, al igual que cada usuario que compone la base de seguidores de Pokémon, yo tengo una perspectiva muy particular sobre la saga. Una persona centrada en el competitivo, por ejemplo, verá las generaciones como una serie de cambios estratégicos, tales como la crianza, el clima o las megaevoluciones. Y eso precisamente es lo que vengo a hacer hoy: Compartir mi visión sobre un aspecto que considero fundamental para la evolución de la franquicia.

Ya que, en los muchos años que llevo en esta base de jugadores, hay un tema en concreto que creo que no se ha tratado en profundidad. Veréis, yo me crié con las primeras temporadas del anime de Pokémon, pero mi andanza en los videojuegos no llegaría si no hasta la cuarta generación. Y desde entonces tengo un recuerdo muy curioso sobrevolando mi cabeza.

En ciudad Rocavelo había una chica que, cada día, te ofrecía hacerle un masaje a uno de tus Pokémon. Además de otorgarte accesorios exclusivos para los concursos, esto servía para aumentar el nivel de felicidad del Pokémon. Claro, para mi yo de 7 años, mi Torterra había recibido una sesión de relax y ahora estábamos mucho más unidos. Pero eso solo se reflejaba ahí, en mi cabeza. El juego no me daba ninguna señal de que ese Torterra era distinto a uno que me lo acabasen de intercambiar, más allá de una sencilla línea de diálogo y un fundido a negro.

Obviamente, a esa edad, poco me importaba. Parte de la gracia del juego era la inventiva que yo le colocaba por encima. Quiero decir, para mi Tajo Aéreo era eficaz contra Torterra porque «le cortaba el árbolito de la espalda». Pero siguiendo con mi forma de disfrutar los juegos, cuando fuí creciendo, iba necesitando que se eliminase esa fría capa de números y sistemas para dar paso a una aventura más orgánica. Más realista y cercana con tu equipo Pokémon, los protagonistas indiscutibles de cada nueva entrega.

Esto es una de las cosas que siempre le he pedido a la franquicia. Si leísteis mi texto aportando ideas para los videojuegos inspiradas de su anime, mi conclusión era que Pokémon debía evolucionar y apostar por ser una experiencia más interactiva y cercana a un RPG tradicional. Una que te involucre más en su universo y que te acerque más a tu equipo.

Y gracias a las mejoras técnicas que han traído las nuevas generaciones de consolas, mis peticiones se han visto cumplidas con creces. Hemos pasado de una sencilla línea de diálogo con un NPC a poder acariciar y alimentar a nuestros compañeros al más puro estilo Nintendogs. De las gélidas y solitarias cajas a islas paradisíacas donde todos los Pokémon del PC juegan y se divierten realizando actividades. Para mi esto ha sido uno de los grandes cambios fundamentales de la franquicia: Poder expresar nuestro amor hacia los Pokémon.

Estoy convencido de que, para muchos, estás mecánicas no son más que gimmicks secundarios o añadidos superficiales que se ven opacados por cosas más rimbombantes como las megaevoluciones o los movimientos Z. Y con toda la razón del mundo además, no tengo nada que criticar en ese aspecto. Está claro que para un público general vende mucho más el Charizard que cambia de forma a una más fuerte que poder rascarle la cabezita a Rockruff o darle un pastelito a Helioptile.

Pero creo que son esta clase de cosas las que hacen que la franquicia evolucione. Si queremos que Pokémon sea una aventura más inmersiva, un viaje emocionante y lleno de misterios, estos detalles son fundamentales. Y más aún cuando nuestro equipo de 6 es el eje central de cada entrega. Son los compañeros con los que vas a superar todos los retos que te encuentres durante el camino.


Pokémon XY

Por lo tanto, si algo le debo agradecer a la sexta generación, fue que nos abrió la puerta a esta clase de cosas. A partir de XY, la interactuación con tu equipo Pokémon se ha convertido en algo habitual. Creo que en parte fue posible gracias al cambio de los sprites por modelos en 3D, que aportaron mucho a esta sensación de realismo.

Aún así, muchos no vieron con buenos ojos esta mécanica por las ventajas que suponía. Cuidar de nuestro Pokémon y mantenerlo feliz nos era recompensado con curaciones a los cambios de estado o que resistiera un golpe que lo dejaría debilitado, como forma de expresar el cariño que sentía por nosotros. Y puedo entender que si tu forma de disfrutar de la saga es a través de un gran desafío, esto te haga torcer el morro. Pero en mi caso, para mi balanza personal, esto es mucho más positivo que negativo.

Todavía recuerdo lo precioso y épico que resulta que tu Pokémon inicial, ese con el que llevas 20 horas de tu vida compartidas superando decenas de enfretamientos, de pronto, resista un golpe que te derrotaría por completo en un momento clave de la aventura. Y todo por el simple hecho de que te quiere. De que es tu amigo de verdad. Y quiero demostrarte que es fuerte. Que no piensa rendirse facilmente. Para mi ese momento es mágico. Y mucho más interesante que una simple derrota que me haría repetir el enfrentamiento o gastar un revivir.


Pokémon Sol y Luna

Pero no fue si no hasta la séptima generación donde esta nueva mecánica alcanzó un punto tan elevado. El cambio del Poké Recreo al Poké Relax parece ínfimo. Pero a nivel conceptual es un paso muy importante. Porque vemos reflejado, de forma mucho más explícita, que nuestro Pokémon se ve resentido cuando lucha contra otro. No es baladí que cuando termines un combate aparezca el botón de «cuidar«.

Tus compañeros de equipo son los encargados de realizar los enfrentamientos. Sois una pareja que se compenetra, donde uno da órdenes y el otro ataca. Pero tu amigo se ve afectado tras cada combate. Estos se mojan, se manchan o se les enreda el pelaje cuando pelean. Y por eso debes tratarlos con cariño y preocuparte por ellos. Esta mecánica tan simple establece una relación esencial entre entrenador y Pokémon: Debes cuidarlos porque ellos son los que combaten y sufren por ti. Y lo único que tú puedes darles a cambio es tu cariño.

Aunque todo ello venga envuelto en forma de un sencillo minijuego de arrrastrar con el lápiz táctil, el significado que encierra es muy importante. Es un aporte fundamental para que la experiencia se sienta mucho más auténtica y cercana al universo que nos plantea.

De hecho, sin movernos de la séptima generación, esta nos aportó otro gran cambio a la frialdad de ciertos conceptos antiguos. Tener a los Pokémon almacenados en cajas de un ordenador siempre resulta chocante, más aún cuando ahora podemos acariciarlos y verlos cara a cara. Pero gracias al Poké Resort, pudimos disponer de un ambiente paradisíaco donde estos se relajan y disfrutan haciendo actividades. Cosa que además nos permitia muchas mejoras a nivel jugable, como obtener piedras, entrenar Pokémon o plantar bayas.


Pokémon Espada y Escudo

Esta clase de cosas, desde luego, ha venido para quedarse. Estoy seguro de que en cada entrega evolucionará respecto a la anterior y añadirá conceptos nuevos. De hecho, esto lo hemos podido ver en los recientes Espada y Escudo, donde han hecho una clara apuesta por estas mecánicas que te permiten expresar cariño por tus Pokémon.

Aunque el enfoque ha cambiado de forma ligera y tengo ciertas luces y sombras respecto a ello. Aquí perdemos el concepto de «cuidar» que tuvimos en Sol y Luna para dar paso a un campamento donde podemos ver como corren y juegan en libertad. Concepto por cierto muy similar a lo que sucede en el anime, donde habitualmente realizaban paradas para comer y sacaban a sus Pokémon para que pudieran disfrutar con ellos.

Por un lado, es genial poder ver como interactuan entre todos de una forma más orgánica que el limitado espacio que disponíamos en el Poké Relax. Jugar con ellos con la pelota y la pluma es sin duda muy divertido y ameno, pero hecho en falta poder cuidarles después de cada combate.

Por otro lado, tengo que aplaudir su apuesta por la nueva mecánica del curri, la cual espero de corazón que se mantenga en la saga de un forma o de otra. Ya sea cambiando el plato o la forma de realizarlo. Pero poder realizar platos de comida que compartir con tus Pokémon me resulta fascinante. Ayuda a involucrarse más en la historia y la equipara a su anime, donde constantemente vemos a Pokémon y entrenador compartir comilonas durante su intenso viaje.


Conclusión

Cada nueva entrega de Pokémon, gracias a las mejoras tecnológicas de las consolas, ha ido apostando por añadir una mayor cantidad de personajes, eventos y mecánicas que hacen de cada aventura una mucho más orgánica, inmersiva y cercana con tu equipo. Y creo que están dando pasos en la buena dirección. Si queremos que Pokémon en el futuro sea mucho más abierto, dinámico y realista, debemos seguir apostando por esta clase de mecánicas.

Estoy seguro de que muchos nunca os habéis planteado ver Pokémon desde este punto de vista. O que nunca os haya llamado la atención esta clase de mecánicas. Pero si habéis llegado a este punto del texto, os recomiendo hacer un pequeño ejercicio.

Coged cualquier juego de Pokémon de los que he mencionado y que hayáis completado. Buscad a vuestro equipo, a ese con el que os pasásteis la liga por primera vez. Y utilizad las nuevas mecánicas para darles un poco de vuestro cariño en señal de gratitud. Estoy seguro de que os lo agradecerán muchísimo.

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Ingeniero Informático en proceso y autoproclamado maestro Pokémon. En mi tiempo libre soy entrenador de los Alas Nocturnas. En esta web podrás leer mis experiencias como jugador. También puedes encontrarme en @ItsAkiraKurusu

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