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Huntdown, recompensa encontrada

Huntdown no es un run and gun al uso. Estamos ante un título 2D de avance lateral y de acción orientado al uso táctico de la verticalidad y coberturas.

Huntdown no es un run and gun al uso. Es más, me atrevería a decir que no pertenece a ese género; que la jugabilidad incorpore ir al trote con la posibilidad de pegar tiros no lo convierte en un run and gun. Estamos ante un título 2D de avance lateral y de acción puro y duro, con sus toques plataformeros, orientado al uso táctico de verticalidad y las coberturas. Como obra de acción descarnada, Easy Trigger Games ejerciendo de desarrolladores y Coffee Sain Publishing de editores lo han bordado, aportando frescura y diversión a raudales en lo que parecía ser el enésimo juego indie con estilo pixel art.

Huntdown

                                      

Exquisitez

La gran diferencia entre ver y jugar a Huntdown no es un asunto baladí. Mi experiencia a los mandos ha sido completa y llanamente exquisita. El cómo Easy Trigger Games ha conseguido aunar diseño y mecánicas es algo digno de estudio. El título ofrece tiroteos intensos en los que debemos ser prudentes pero también osados cuando toca. Parapetarse tras ciertos elementos de los escenarios deviene fundamental para sobrevivir; saber leer la disposición y patrones de los enemigos es una exigencia inmediata; dominar y ejecutar adecuadamente el dash y los deslizamientos no solo poseen valor mecánico, sino que hacen de esta obra una coreografía bellísima. Y lo sientes, lo sientes, vibras de adrenalina cuando has conseguido esquivar una ráfaga de balas deslizándote, le has pegado un golpe al enemigo y lo has ejecutado a balazos a menos de un centímetro. Huntdown alcanza no solo un altísimo valor artístico y estético, sino que no echa mano de unas mecánicas basadas en el prueba y error. Dejar que sea el jugador el que de manera espontánea se cree sus propias estrategias, dando un margen de error muy amplio, otorga a Huntdown de un dinamismo y divertimento inherentes que no entran en contradicción con buscar un ajustado reto en dificultades más altas (Brutal o Badass en inglés.)

Siendo una ensalada de tiros, podemos manejar a tres personajes que poseen diferentes armas principales. Sí es cierto que las sensaciones son idénticas a la hora de controlarlo, pero sus armas poseen, dependiendo del personaje escogido, una mayor cadencia o daño. El equilibro entre ellos está conseguido, mas es a través de sus armas secundarias (hachas, bumeranes y kunais) donde podemos apreciar el sabor distinto intrínseco de los protagonistas. Además cuentan con voces y personalidad propias (una actitud más macarra, pasota o educadamente fría). Su diseño, sin alejarse de los tópicos del género cyberpunk, es sobresaliente y cuenta con numerosos guiños: Anna Conda nos recordará a una de las asesinas de Kill Bill; Sawyer es una suerte de Blade Runner; y, por supuesto, podremos controlar un robot.

Toda aventura de acción necesita de enemigos, y los presentes en este título están colmadísimos de detalles: punkis, dandis sacados del cine de los 60, matones surgidos de Mad Max, moteros con indumentaria grecolatina que evocan al género peplum… La variedad es incontestable. Pero no son solo mera fachada, sino que a nivel mecánico proponen diferentes retos dependiendo del armamento que porten o de su distribución a lo largo de los niveles. Una vez más, todos los clichés del género de bandas cyperpunk están presentes, pero ello no obsta para estemos ante unos diseños fantásticos, que destacan en las pantallas de carga de cada escenario.

Huntdown

Corpocracia

“Corpocracia” es un término extraído de la novela El Atlas de las nubes, de David Mitchell. Ignoro si el vocablo es 100 % original del autor, pero yo lo leí por primera vez en su libro. De cualquier modo, un tópico del género cyberpunk expone que la sociedad no está regida por ordenamientos jurídicos al uso, sino por las reglas discrecionales de grandes corporaciones que poseen, de facto, el auténtico poder político, social, cultural y económico. Las empresas controlan todos los ámbitos de la vida humana (y no humana) y han sometido al resto de instituciones anteriores, como es el caso de la policía. Ello da lugar a argumentos desarrollados en distopías que presentan grandes contrastes entre lo fastuoso del mundo de los plutócratas y la miseria omnipresente del resto de la sociedad. A veces, este futuro distópico es fruto de un avance tecnológico; pero en otras muchas ocasiones, esta avanzada tecnología choca con las ruinas de un mundo que ha experimentado una nueva guerra mundial (casi siempre nuclear). Este es el trasfondo de Huntdown: megacorporaciones que lo controlan todo y a todos tras el vacío de poder provocado por una ficticia III Guerra Mundial. Ello produce disputas entre ellas que no se dirimen en los tribunales, sino… a tiro limpio, y ahí entran en juego los cazarrecompensas, mercenarios dispuestos a acabar con líderes de bandas o empresas contrarias a cambio de un precio.

La historia del título no es especialmente original; es más, obviando la jugabilidad, nada en Huntdown es innovador. Aun así, sus creadores se las han apañado para crear una obra ecléctica y refrescante, no eximiéndose de ello ni siquiera el argumento. Me gustaría no dar más detalles para que los descubráis por vuestra cuenta, pero os aseguro que, si sois aficionados al género, Huntdown os va a encandilar.

Huntdown

Rush

Pese a que, de manera superficial, Huntdown puede estar dentro del género de los run and gun, tal y como y ya he comentado, durante toda mi partida he tenido la sensación de que lo magro de esta obra reside en sus jefes, 20 en total (uno por nivel), ante los cuales hemos de aplicar las mecánicas aprendidas. No estoy afirmando que Huntdown sea un boss rush encubierto, pero la brevedad de sus fases, por muy bien diseñadas que estén, palidecen al lado de los encuentros contra los jefes finales, los cuales tienen varias fases, son carismáticos (algunos de sus comentarios son descacharrantes) y suponen un gran reto. No es un boss rush pero “huele” a boss rush.

El desarrollo de las fases es frenético, aunque Easy Trigger Games ha procurado dotarlos de pequeños coleccionables y desafíos para alargar la vida del juego. Así, lo ideal es completarlos sin morir, conseguir 3 maletines y derrotar a todos los enemigos. Ello repercute en el porcentaje total del juego en general y de los escenarios en particular. Y hablando de escenarios, los 4 existentes en la obra están muy, muy trabajados para que se diferencien del resto: suburbios, zonas más industriales, área de autopistas y la zona centro de la ciudad. No son la cosa más original del mundo, insisto, pero los vais a disfrutar muchísimo.

Suena bien, sabe mejor

En lo referente al sonido, los efectos son contundentes. El sonido de las armas, en especial, es una completa maravilla. Pero no solo de buenos efectos vive Huntdown, sino que su banda sonora roza la excelencia a golpe de sintetizador. El género synthwavees incombustible y le sienta como anillo al dedo a este tipo de producciones que buscan poseer un poso (falso) de nostalgia.

El pixel art es excelso. Hay quienes aducen que esta obra toma como referencia los títulos de 16 bits, y no puedo estar más en desacuerdo; dudo profundamente que siquiera Playstation o Sega Saturn hubiesen podido mover Huntdown en condiciones. Que no engañe su estética, nos encontramos ante un extraordinario uso de los sprites, preñados de movimientos suaves, transiciones complejas, animaciones muy completas y una obsesión por el detalle que abarca desde personajes principales hasta un scroll parallax pluscuamperfecto.

Recompensa obtenida

Huntdown es un videojuego que no comete un solo error; todo lo que hace, lo hace de manera excelente. Es uno de los títulos de acción, mecánicamente hablando, más interesantes que he jugado en los últimos tiempos. Podéis darle una oportunidad sin miedo, es difícil que no termine atrapándoos. Sí es cierto que le falta ese “toque” que poseen las obras maestras.

Este análisis ha sido realizado en una PlayStation 4 gracias a una copia digital cedida por Easy Trigger Games

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Un oso (jacoso) varado en una isla de monos.

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