Escrito por 11:20 Análisis, Destacado, PlayStation 4, PlayStation 5
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Windfolk, un viaje al horizonte

Fractal Fall viene surcando los cielos con una propuesta interesante que invita a soñar con paisajes infinitos

Si pudieses escoger solo uno, ¿qué superpoder tendrías? Esta pregunta tan banal en apariencia, que servía para llenar el tiempo en los patios del colegio, puede tener una serie de implicaciones más allá de la anécdota. En el fondo, si nos la tomamos en serio, puede ser un reflejo curioso de nuestras inseguridades. ¿Si puedes superar la condición humana y desafiar las leyes universales que rigen la lógica del mundo, que habilidad escogerías para solucionar parte de las cadenas que ha puesto la vida sobre ti?

Pero bueno, quizá por eso no le damos tantas vueltas y nos limitamos a copiar la ficción vista en los héroes de Marvel o DC. Aunque lo importante de todo esto no reside en la pregunta en sí misma, si no en las respuestas más clásicas. Invisibilidad, superfuerza, controlar el tiempo, poder volar… Si conoces un poco el juego que toca analizar ya sabes cual es la que más nos interesa.

El deseo de volar es un sentimiento casi primitivo al ser humano

Y ya que hemos entrado en la dinámica de las preguntas, me gustaría lanzar otra al mundo: ¿Porqué no hay más juegos que exploren la fantasía de volar? Tengo la sensación de que en el mundo del videojuego se asume que este rasgo no es algo impresionante. Cuando el ser humano siempre ha visto el vuelo como uno de los desafíos más importantes a superar. No me voy a explayar en los hermanos Wright ni en los dibujos de Leonardo Da Vinci, pero creo que se entiende el subtexto de todo esto.

Surcando los cielos

Siento que hay pocos juegos que aprovechen la sensación flipante de surcar los cielos y hagan de ello su bandera. Porque, bien implementado, es un punto de entrada fantástico que puede sustentar una experiencia casi por completo. A pesar de las mala recepción de Anthem, sus sensación de vuelo era de otro nivel. Y este primer juego del estudio Fractal Fall puede que haya salido mejor incluso que la propuesta de Bioware, tiempo al tiempo.

Windfolk es una propuesta cargada de ideas interesantes que sabe ejecutar todas ellas casi a la perfección. Haciendo que, en la suma total, se quede en tu mente como una aventura bien planteada que se guarda un par de sorpresas bajo la manga. Aquí vamos a encarnar al personaje de Esen, sobre la cual no pienso hacer ningún tipo de spoilers, ya que la historia termina resultando bastante entretenida y bien atada.

Esto lo logra, en parte, gracias a un doblaje al español más que apañado que ameniza los ratos entre vuelo y disparo. De hecho, la parte negativa es que llegan a echarse en falta unos cuantos personajes más, porque el universo que plantean es uno la mar de curioso sobre el que te gustaría saber más. Suerte que aquí los coleccionables sirven para algo (gracias, de corazón) ya que nos dan información sobre el universo.

A la temática de islas flotantes logra darle un punto original

Un mundo que sorprende para bien por lo bonito y natural que resulta. Tiene referentes más o menos conocidos, pero nunca se siente como una copia flagrante. Eurian tiene entidad por sí solo y aunque no contaremos con un incontable números de fases, las que tenemos se sienten hechas con cariño y buen tino. Este precioso envoltorio sirve para entregarnos una propuesta de shooter y vuelo con más aciertos que errores.

Vuelos con altos y bajos

Debo dar mi sincera enhorabuena a todo el equipo encargado de hacer el sistema del jetpack, porque han hecho un trabajo que roza lo perfecto. No es broma, una de las sensaciones más divertidas de Windfolk es el simple hecho de surcar los cielos a toda velocidad. Es liberador, entretenido y con un sabor arcade que endulzará incluso los paladares más exigentes.

Al ser este uno de los pilares fundamentales, las pruebas de contrarreloj son una delicia para los amantes de la velocidad. A los que os guste bajar tiempos de un cronómetro y hacer piques entre amigos para ver quien lidera la tabla de puntuación, haceros con este juego. Aprenderse el patrón de movimiento óptimo para cruzar los aros y manejar la barra de nitro mientras surcamos sus escenarios es una experiencia divertida e intensa.

El control y las sensaciones mientras surcamos los cielos son muy positivas

En la otra cara de la moneda tenemos el apartado del combate, que adolece de ser la sombra de un sistema de vuelo que brilla con luz propia. Aun así, se nota que está hecho con mimo y buenas ideas que se ven reflejadas en las armas. Todas ellas tienen mecánicas particulares para usarlas de forma óptima, haciendo que los enfrentamientos tengan un puntito más interesante. Aunque la sensación de disparo adolece de no tener tanto peso como el potente jetpack que llevamos a la espalda.

Es difícil de explicar ya que son sensaciones a lo mandos, pero entre la retícula enorme y la falta de peso en los impactos, estas fases acaban sintiéndose como un trámite. ¿Es algo tan negativo? Diría que gracias a la armas y los enfrentamientos especiales se logra disfrazar lo suficiente. No estamos ante una experiencia de cientos de horas y los jefes son lo bastante divertidos (y desafiantes) como para no opacar el conjunto.

Aquí es cuando me siento y me pongo a pensar: ¿Cambiaría algo de esta experiencia? Sin contar ese pulido extra al combate para igualar a su hermano, se me hace difícil alterar algo de la imagen. La propuesta es lo bastante robusta como para que mi mayor cumplido sea que quiero más.

Quizá el único punto que mancha la experiencia es el sistema de combate

Eurian tiene la suficiente entidad como para querer explorarla en mayor profundidad. Han demostrado que son capaces de realizar escenarios preciosos e interesantes para recorrer a toda velocidad en unas divertidas pruebas a contrarreloj. De hecho, el sistema de vuelo es tan satisfactorio que me encantaría tener más excusas, en forma de coleccionables o misiones de exploración, para seguir yendo de un lado para otro en escenarios más grandes.

¿El cielo es el límite?

Es entonces cuando os revelo el pastel que llevo todo el tiempo ocultando: Windfolk es el primer juego de un estudio que ha sido apoyado por PS Talents, quien ayuda a desarrolladores independientes a lanzar sus proyectos. En nuestra web encontraréis un montón de juegos del mismo apoyados por la misma iniciativa. No he querido decirlo porque siento que, a veces, otros medios usan esto como una especie de excusa o condescendencia que no me gusta.

El universo de Eurian deja con las ganas de conocer más

Este juego tiene identidad propia como para que lo único que mejoraría, de nuevo, es añadir más contenido. Puesto que la idea y la ejecución en el papel son casi perfectas. La banda sonora, la ambientación, el diseño de interfaz, los personajes… Todo está a un nivel suficiente como para expandir esta idea, pulir un poco más el combate y sacarlo a relucir todavía más.

Por ello, lo que me toca hacer, es aprovechar la copia de prensa que me han ofrecido para hacer mi trabajo y recomendar este juego. No solo por lo mucho que lo he disfrutado, si no porque las buenas ideas hay que reconocerlas. Y si quiero ver ese futuro proyecto de Fractal Fall que expanda todo lo planteado aquí, tengo que usar mi altavoz para dar a conocer las cosas bien hechas.

Además, este juego me ha reafirmado en la elección de mi superpoder: Crear dinero. Y un par de fajos irían directamente al equipo encargado de Windfolk para que hicieran una secuela enorme con todo el tiempo del mundo. Ya que el cielo es sólo el principio.

Como primer título, Windfolk es una excelente carta de presentación
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Ingeniero informático en proceso y juntaletras frustrado. Estoy en la tripulación para narrar mis desventuras como jugador y divagar sobre esta preciosa industria. Sí, me gusta FFXIII y ME: Andromeda. No me escondo.

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