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Venganza y sueños rotos

Recorrer la historia de The Last of Us es descubrir la escala de grises que siempre evitamos ver, donde el bueno también puede hacer cosas de dudosa ética y donde el malo, por muy malo que sea, sigue siendo humano a pesar de todo.

Desenmarañar la intrincada telaraña que ha tejido Naughty Dog alrededor de Ellie y Joel, dos personajes tan profundos como complejos, no es nada fácil. Mientras jugaba a su primera entrega me daba cuenta de que, aun quejándome de su planteamiento a nivel jugable, había caído en aquella red y me había atrapado sin yo siquiera saberlo. Darme cuenta me llevo tiempo; tanto que no fue hasta volver a ver a Joel aparecer en la segunda parte, con alguna cana y alguna arruga más encima, que descubrí cuan hondo habían calado en mí dos personajes que en un principio fueron simples vehículos de una narrativa.

Recorrer la historia de The Last of Us es descubrir la escala de grises que siempre evitamos ver, donde el bueno también puede hacer cosas de dudosa ética y donde el malo, por muy malo que sea, sigue siendo humano, a pesar de todo. En un mundo post apocalíptico es imposible que existan los polos; donde la vida y la muerte están separadas solo por un mordisco, no existe el concepto del bien o del mal, existe la supervivencia y el “¿qué harías por alguien a quien quieres?”. En este concepto, una simple pregunta, en la mayoría de los casos retórica, es donde se cimienta la segunda parte de la obra de Neil Druckmann y donde se sumerge e intenta bucear, a veces con acierto y otras rozando la asfixia. Aun así, semanas después de haber completado el juego sigo intentando ver más allá de los hechos mostrados, de cómo la venganza cruza el destino de dos personas y de cómo la búsqueda de la justicia auto complaciente deja hecha añicos la vida de todos y cada uno de los implicados.

Ni que decir tiene que este texto desgranará parte importante de la historia de The Last of Us, tanto del final de la primera entrega como de la trama principal de esta segunda. Por tanto, si aún no has completado el juego, te invito a volver cuando lo hayas hecho.

Joel Miller

Para entender los actos que nos llevan hasta el final de la segunda entrega, primero hay que entender quién es el culpable de marcar la personalidad de una joven y contestataria Ellie. Encajar a Joel en el papel del bueno responde a lo mal acostumbrados que estamos los jugadores al meter protagonista y héroe en la misma ecuación. Y no nos culpo: ¿quién quiere jugar a ser el malo de la historia, el que hace cosas de dudable valor moral, ese que siempre acaba derrotado o en el peor de los casos muerto? Nadie.

Queremos vivir el camino del héroe, de principio a fin y queremos que ese fin siempre sea satisfactorio para nosotros, aunque por el camino hayamos cometido actos atroces que pasan a ser un mero daño colateral en pos de un objetivo superior a nosotros. Aloy mata a cientos (incluso miles) de personas buscando la propia supervivencia de su tribu, Nathan Drake roba tesoros, diezmando considerablemente la población de la localización a la que viaje e incluso, si nos lo llevamos al cine, Luke Skywalker mata sin miramientos a miles de soldados imperiales con tal de acabar con Darth Vader. Y en todos y cada uno de estos casos seguimos siendo el héroe de la historia.

En todas estas obras, la dualidad héroe-villano cambia de forma instantánea si nos paramos un momento a pensar en quien está viendo la historia. En el caso de Joel, podríamos preguntarle a Ellie y en la primera parte te dirá que es el bueno ya que la está protegiendo y ayudando a llegar a su destino. Podríamos preguntarle a los luciérnagas y te dirán que es el enemigo número uno en su lista de “los más buscados”, puesto que está matando a los suyos. Incluso podríamos preguntarle a Tommy y la respuesta no será ni una ni otra, por los problemas que tuvieron en un pasado. Aquí es donde aparecen los grises.

La personalidad de Joel en la primera parte la marca, sin duda, parte del misterio que esconde su pasado. Nada sabemos más allá de lo presente y nada más van a darnos hasta haber avanzado buena parte de la historia. En el momento en el que Tommy se cruza con nosotros es cuando hay alguna pequeña píldora de información muy diluida entre indirectas y verdades a medias. Aún así, sabemos lo suficiente como para no dudar de que Joel hará lo que haga falta para sobrevivir, por muy poco ético que nos parezca.

Hacer lo necesario para seguir viviendo un día más

Por eso al llegar a la casi recta final del juego, nos dejan entrever al verdadero Joel donde no reniega de sus actos y habla en todo momento de hacer lo que haga falta para sobrevivir en un mundo hostil. El virus, una vez comprendido y asimilado, deja su puesto de principal peligro a uno mucho peor: los propios humanos. La supervivencia de una persona ante la frialdad de un mundo postapocalíptico crea continuamente una línea moral entre lo que está bien y la propia existencia; esa misma línea que se desdibuja hasta casi ser imperceptible cuando te apuntan con el cañón de un arma en la sien. La misma línea que cruza cuando descubre que la única manera de elaborar la cura pasa por la muerte de Ellie.

La lógica nos dicta que el bien común se antepone al individualismo, que la balanza tiene más peso en la búsqueda de la cura que en la de una simple persona, pero es aquí donde vemos a ese Joel irracional que actúa por un impulso primitivo, por la propia supervivencia de Ellie, más allá del deseo de ella. El experimento del tren y las vías, representado de la forma más visual, cruda y sentimental posible, da como resultado una subtrama que no conoceremos hasta tiempo después.

Cada acción, tiene una reacción; todo acto tiene sus consecuencias.

Evitar la muerte de Ellie marcaría a ambos de por vida, creando una subtrama (cambiada y ajustada a conveniencia en la segunda parte) que desembocaría en una de las partes más duras de la saga: los sueños rotos.

E de Ellie

Venganza. Se puede interpretar de tantas maneras que seguramente ninguna recoja el sentimiento que lleva a una persona a buscarla. Intentando buscarle un significado, muchas páginas referencian la venganza como el equilibrio de una balanza, un intento de buscar la justificación del acto en sí mismo, a través de una justicia difuminada. Si simplificamos esto a lo más básico, podemos decir que es la búsqueda de hacer sentir al otro el mismo sufrimiento que ha causado la primera en una búsqueda de equilibrio. Una acción fruto de la rabia y la ira que no tiene por qué ser ni colérica ni instantánea, y que busca dañar para reparar.

Este es el verdadero leimotiv de una segunda parte que va allanando el camino y lo va adornando de una manera tramposa para causar el mayor impacto posible. Todo acto tiene sus consecuencias. Creo que es una frase bastante recurrida y manida, pero que encaja a cada paso que intenta dar la narrativa de esta segunda entrega. Sin ir más lejos, la consecuencia de que Ellie este viva, quiera o no quiera ella, es la muerte de Joel.

Volver al punto de partida

Una venganza que empieza justo en el momento en el que nosotros terminamos nuestro camino del héroe, con un final agridulce a todas luces, y de la que somos unilateralmente los únicos causantes sin saberlo. Una venganza de libro, que contiene todos y cada uno de los ingredientes para formularse, donde Abby busca cerrar su propio círculo. La ejecución de esta escena, aunque dolorosa, seca y cruel para el espectador, está cargada de emociones y sobre todo de intenciones narrativas de cara a la construcción de los últimos compases de la historia. En ese momento, por el lado en el que nos ha tocado vivir la historia, la trama quiere que sintamos la misma impotencia que siente Ellie, transmitirnos la rabia de perder a Joel sin poder hacer nada para evitarlo y las ganas de acabar la secuencia para cobrarnos su muerte, matando a la persona que lo ha ejecutado. Crear nuestro propio circulo; el mismo que Abby ha cerrado.

Aunque luego intenten mostrar el lado humano de cada personaje, las motivaciones o incluso el sufrimiento que han pasado hasta llegar a una escena como esta, da todo igual. La venganza tiene los mismos ingredientes y, por ende, se desarrollará en los mismos términos. Ellie buscará volver a equilibrar una balanza que acaban de romper a golpes, dejando que el sentimiento de ira y venganza coja las riendas de su vida, avocándola a jugar una mano que desde el primer momento, es la jugada perdedora.

Con este punto de ruptura se establece la base sobre la que va a girar todo y desde el cual Ellie tendrá que volver a recomponerse. El mismo camino del héroe que Abby tuvo que recorrer hasta acabar con el malo de su propia historia se convierte en el camino que tendrá que recorrer una Ellie rota y nublada por el propio dolor de la pérdida.

La literatura ya se ha adentrado en este terreno en más de una ocasión, utilizando la venganza como el centro de toda la narrativa. Obras como Hamlet de William Shakespeare, El Padrino de Mario Puzo (llevada al cine de manera magistral por Francis Ford Coppola) o El nombre del viento de Patrick Rothfuss ahondan, cada una desde su género, en cómo la venganza es capaz de sacar lo mejor y lo peor del ser humano.

Sin embargo, la forma en la que construyen y desarrollan la historia en esta segunda parte se asemeja mucho más a como el cine ha hecho suyo este sentimiento. Puede ser una mera coincidencia, pero The Last of Us: Parte 2 comparte una estructura casi idéntica (en forma y contenido) con la obra de Quentin Tarantino: Kill Bill. En ambas obras, la protagonista necesita ir recopilando la información necesaria hasta encontrar a su objetivo, y donde los datos relevantes sobre la historia que no conocemos y los motivos por los cuales se desarrollan ciertas acciones nos la van dando en tramposos flashbacks que permiten inventar o modificar la historia a merced de la narrativa.

La lista de los cinco, o como llegar hasta el jefe final a través de sus esbirros.

La venganza que expone Tarantino se compone de múltiples objetivos, una especie de ascensión hasta llegar al jefe final, con la culminación de la propia venganza, la muerte de la mente detrás del fallido asesinato contra nuestra protagonista. Ellie sin quererlo, se ve enfrascada en su personal “Kill Abby” con la diferencia de que no lo planea si no que surge a raíz de una coincidencia y enfrascada aún en su propio rencor. Darse cuenta de esta situación vuelve a mellar aún más el frágil estado sentimental de una Ellie que se debate entre la ira y el duelo.

Neil Druckman quiere que nos planteemos una vez más si las acciones que creíamos ciertas son las correctas y para ello nos muestra como Abby llegó a completar su propio círculo. Un viaje que demuestra los mismos rasgos que el que está recorriendo Ellie. Ambas venganzas son paralelas en su forma, pero no en su fondo. La narrativa crea muchas trampas, todas las que puede para intentar dar un vuelco a la historia que busca la empatía hacia Abby al intentar igualar ambas muertes y mostrarlas con el mismo grado traumático.

La búsqueda de otro punto de vista

Abby busca matar al hombre que le quitó la vida a su padre por una causa injusta; un villano que no solo le arrebató al mundo la única esperanza de encontrar una cura, si no que mató a todo el que se puso en su camino para evitar la muerte de una niña. Por su parte Ellie busca la venganza hacia la persona que asesinó a sangre fría al que podría considerarse como su padre, delante de sus propios ojos, mientras casi la obligaban a mirar. El resultado en ambos casos es el mismo, la pérdida de la figura paternal, pero el equilibrio no es igual en ambas balanzas, teniendo más peso la de Ellie al haber presenciado aquella muerte a sangre fría.

La narrativa se pierde bastante al hacerte entender por todos los medios que Abby es la heroína dentro de su propia historia, poniendo alguna trampa más en el camino para darle la vuelta al guión a merced del autor y alejándose del leimotiv de la venganza. El mensaje es claro: sus acciones son igual de justificables que las de Ellie. Una vez se vuelven a unir los caminos, y la historia decide que es el momento del clímax final, es cuando Abby acepta el papel que le tocó interpretar a Joel unas semanas atrás, sabiendo que ahora ella es la presa. Ellie, a diferencia de Abby en el momento de acabar con Joel, aún es una persona rota, lamiéndose las heridas por todo lo que ha tenido que recorrer hasta llegar a este momento.

Al perderse tanto en hacer entender los motivos de una parte y de otra, este enfrentamiento final se diluye. Ya no es una pelea por venganza, eso quedó atrás, es una pelea de cuentas pendientes en la que Ellie necesita terminar un círculo que nunca llego a cerrar. Esta parte es la más cruel de la historia, porque es el momento en el que todas las decisiones tomadas durante la trama chocan de frente, mientras Ellie está a punto de cerrar su círculo. Una revelación que lleva la lleva a darse cuenta de que, al final del camino, lo único que ha conseguido es perderlo absolutamente todo y que, matar a Abby, no va a cambiar nada.

Después de todo, de la ira, de la pérdida, de la búsqueda de venganza, de las muertes, de las vidas destrozadas, la imagen final con Ellie arrodillada en la playa, muestra exactamente lo que ella misma siente: nada.

Esta historia, donde la mala se convierte en la buena depende de la luz con la que la miremos, ha terminado con una única ganadora: Abby. Viéndolo en perspectiva ella es la única que ha tenido una recompensa, que ha podido afrontar todas las dificultades, que se ha cobrado su venganza, y que ha podido cerrar su círculo. El destino también ha sido cruel con ella pero, en ningún caso, podemos decir que ella es la perdedora.

Sin embargo, la injusta pero lógica sucesión de los acontecimientos hace que Ellie pierda absolutamente todo. Pierde a Joel, pierde a Dina, pierde una vida tranquila lejos de la infección, pierde todo en lo que ella cree, pierda su propia identidad, pierde su oportunidad de obtener venganza, incluso pierde la única cosa que le quedaba de Joel: poder tocar la guitarra. La consecuencia de que ella este viva, de que Joel tomase una dudosa decisión, se traduce en toda una vida de sueños rotos para Ellie.

“While My Guitar Gently Weeps”

Siempre solemos ver la cara “amable” de la venganza, cuando nuestro protagonista cumple su objetivo y esta en paz consigo mismo. Neil Druckamn nos obliga enfrentar la otra cara de la moneda, la que deja tras de si una venganza auto complaciente. Esta cara, que refleja todos los actos que Ellie ha llevado a cabo, es la que Joel fue dejando en la primera parte de esta historia. Es la misma que ha ido dejando Ellie en su búsqueda de justicia en esta segunda parte y por supuesto es la misma que Abby ha utilizado para llegar hasta Joel y arrebatarle la vida. Ese reguero que ambas han dejado tras de sí, de vidas rotas y cadáveres a su paso, toda esa búsqueda de venganza que llaman justicia acaba por convertirse en los sueños rotos de lo poco que queda de la Ellie que conocíamos.

Un final injusto para una historia que nunca fue justa con ninguno de los personajes que tenía a su alrededor. Aun así, al igual que Ellie volviendo a la casa donde enterró todo lo que había conseguido junto a Dina, aceptamos que lo que está hecho, hecho está y que lo único que queda es seguir adelante. Con una venganza a medias y con la esperanza de poder volver a reparar los sueños rotos.

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Con un mando entre las manos desde el 92. Crecí con un dragón morado, un erizo azul y un fontanero que no se dedica a la fontanería. De mayor intenté comerme la tarta... pero era mentira. Retarme a un duelo de insultos puede ser una decisión mortal. Y por si fuera poco, dirijo una isla de monos... por lo que de mayor ¡quiero ser un gran pirata!.

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