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Battletoads, a golpes con la nostalgia

Casi 26 años después volvieron los simpáticos sapos, pero en esta ocasión ni a punta de golpes superaron las entregas anteriores

El regreso de Battletoads no era lo que se esperaba

Cuando me enteré que saldría un nuevo título de Battletoads, irremediablemente recordé mi infancia, en esos momentos cuando me frustraba tanto no poder pasar un nivel que aventaba mi control del NES, SNES y hasta el GameBoy. Sin embargo, con esta noticia también experimenté una gran alegría, ya que habían pasado al menos 20 años desde la última vez que jugué con estos simpáticos sapos.

Esperé con ansias el 20 de agosto (fecha de lanzamiento) para jugar Battletoads una vez más. El gusto me duró muy poco, tanto que me costó trabajo finalizar el título y aplacé la agonía por semanas. ¿Por qué? ¡Simple! A pesar de estar consciente de que no me encontraría con la historia, retos y personajes que conocí durante mi infancia, en todo momento sentí que era un programa de Cartoon Network. No digo que sea malo, sólo que para los verdaderos fanáticos no fue la mejor forma de conquistarnos.

Existen pequeños destellos inteligentes en la trama, incluso en el modo de juego, pero no son suficientes para cargar con más de 26 años de historia de una saga que cautivó generaciones completas. Para empezar, tiran todo a la basura cuando en los primeros 15 minutos de juego nos dicen que Rash, Zitz y Pimple estuvieron en un simulador todo este tiempo. Los simpáticos sapos son rescatados y ridiculizados en televisión, por lo que deben adaptarse a la actualidad y encontrar un trabajo.

Mientras nos relatan esta historia de una manera caricaturesca, tenemos que interactuar y superar minijuegos que consisten en presionar los botones o mover los joysticks, nada complicado.

Puedes jugar con los tres sapos

Las peleas con los enemigos son similares a las de antaño, aunque con unas pequeñas variantes que le dan cierta versatilidad y que no sólo se convierte en una oportunidad para machacar botones. Hay que ser rápidos para acabar con todos los enemigos, para ello si se juega solo se puede emplear a los tres sapos: Pimple (fuerte, aunque muy lento), Rash (hábil, rápido, pero no es muy resistente) y Zitz (cuenta con la fuerza y la rapidez, así que es el término medio). Cuando alguno de los personajes se queda sin energía, aparece el otro, mientras deberás soportar 60 segundos antes de que vuelva a aparecer. Esto no ocurría en los anteriores títulos, de hecho, sólo podías elegir a dos de los personajes y para eso tenías que conectar el segundo mando.

Cada uno cuenta con sus habilidades para dar el remate, aunque ahora aparece después de cinco botonazos. Los combos se pueden extender hasta los más de 100 golpes, pero es casi imposible, porque siempre habrá un enemigo que se escape y de un solo toque acabe con toda la labor. Una ventaja es que podemos esquivar, pero no correr.

Los enemigos son, en su mayoría, muy fáciles y conforme se avanza en las misiones se vuelven repetitivos. En el caso de los jefes es otro el escenario, porque van aumentando su dificultad a un nivel en el que lo complicado se vuelve imposible, lo que puede llevar al jugador a sentir un poco de  frustración.

Al final de cada episodio hay una cinemática en la que los diálogos de los sapos rayan entre lo cómico y lo vulgar. Algunas de sus líneas sacan una risa, pero se torna tedioso y hasta predecible. Recuerdo que varias de las cinemáticas duraron mucho que mejor me puse a jugar con mi celular.

Un momento estelar frustrado

Cuando llegó el momento que tanto esperaba no quedé nada satisfecho. Me refiero a la parte de las motos, en las que debemos esquivar los obstáculos. Al ser una perspectiva de frente, no se disfruta de la misma forma que en los primeros títulos de Battletoads, donde la vista era panorámica y desde un flanco.

Otro aspecto que tampoco me encantó es que su dificultad no era nada del otro mundo, pues en los títulos de los 90’s se necesitaban buenos reflejos y calcular bien, porque un solo milímetro que fallara causaba nuestra muerte. En esta nueva entrega contamos con ayuda de los gatillos para desplazarnos con más velocidad y precisión, por lo que se sienten fácil el movernos.

Para este punto del juego, mi emoción se había esfumado y sólo quería terminar lo antes posible. Pero me topé con una misión con Pimple, quien se quiere volver pacifista y se une a un culto. Ahí no hay oportunidad de golpear o destruir, sólo consiste en brincar, esquivar y descifrar los puzzle. Nada del otro mundo. Aunque al final de su loco intento por encontrar la paz se esfuma y ocurre algo muy cómico.

Devuelta a los arcades

Cuando estaba a punto de darme por vencido con Battletoads sucedió algo que me hizo recordar los arcades: misiones con naves espaciales. Creo que ese aspecto fue uno de los pocos aciertos por parte de Rare y Dlala Studios, ya que cuando vi aparecer la nave tripulada por los sapos y la Reina Oscura, supe inmediatamente que sería algo complicado y divertido. Al principio creí que tardaría horas en concluir los diferentes escenarios, pero no fue así, porque descubrí el patrón y con sólo dejar la nave en un solo punto es más que suficiente para acabar con todos los enemigos.

Al final, Battletoads sí me decepcionó, especialmente porque nunca sentí la empatía que creí llegaría a desarrollar, pues fue como un reencuentro con “amigos” que tenía años sin ver, pero al mismo tiempo me di cuenta que estas simpáticos sapos habían cambiado y yo esperaba lo mismo que en los buenos tiempos.

Para quienes van a tener su primer acercamiento con Battletoads, nunca está de más conocer los primeros juegos, pero les advierto que es probable que sientan frustración y enojo, por lo que terminarán gritando a la pantalla y aventando el control. Por mi parte, ahora que finalicé esta nueva entrega de la saga regresaré a jugar el original, ese que sí implicaba un reto, porque desde el inicio sabías que no sería nada fácil, pero al menos el trayecto sería divertido y gratificante al ver “The End”.

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Ávido lector, cinéfilo y fanático de The Beatles. Adicto a los videojuegos desde hace 30 años. Seguidor incansable de Resident Evil y en espera de que todos nos convirtamos en zombies.

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