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Demasiada opinión

Demasiada opinión circula en la actualidad entre los jugadores, pero muy poca razón. La opinión es camino usual de la ignorancia.

Demasiada opinión circula en la actualidad entre los jugadores, pero muy poca razón. La opinión es camino usual de la ignorancia, esto es, el “opinólogo” embarra su propia razón aumentando su irracionalidad. La ignorancia es atrevida, de ahí que, cuando surge un tema candente o de rabiosa actualidad, muchas personas opten por emitir una opinión infundada sin pararse a reflexionar. Son como escopetas montadas: Si un tema es actual, hay que hablar de ello sí o sí, y cuantas más meteduras de pata se metan, mejor. Por supuesto, los hay quienes embadurnan sus opiniones de pompa, ceremonia y pedantería vacua; y los hay que directamente enseñan a todos, sin pudor alguno, su estulticia exacerbada.

A lo largo de este artículo, intentaré dar unas pinceladas de cómo ha de emitirse una opinión, pues no todas son iguales ni poseen el mismo valor. Es más, llegar a tener una opinión fundada sobre algo es un camino laborioso. En lo referente al conocimiento, al falso conocimiento, hemos sido testigos en los últimos tiempos de cómo muchos autores denominan “ensayos” o “tesis (¡válgame!)” a unas cuantas líneas escritas con mayor o menor coherencia.

El mundo del videojuego avanza de una manera tan rápida y fugaz que parece imposible seguirle el ritmo adecuadamente, pero ello es una falsa impresión; por el contrario, si se dejan reposar los acontecimientos y se recurre al frío análisis, se estará más cerca del conocimiento y de la verdad. El conocimiento y la verdad no son relativos, aunque sí pueden llevar a equívocos; usted, lector, cuando caiga enfermo (Dios no lo quiera) y logre recobrar la salud gracias a una terapia y fármacos adecuados, agradecerá que, en ciertos campos, no se eche mano de la opinión, sino de verdades demostradas empíricamente. No en vano vivimos en un universo matemático, donde todo puede ser objeto de estudio y posterior descubrimiento. La elaboración de teorías e hipótesis fundadas en la razón suponen la vía para el verdadero progreso y real avance.

UN DULCE VENENO

Canción de Hielo y Fuego es una saga que ha caído en el infortunio. Por una parte, la serie terminó siendo una parodia que poco o nada tiene que ver con tan magna obra; por otra parte, las gracietas y chanzas en torno al autor han devenido en una suerte de desprestigio literario. Completamente cierto es que George R. R. Martin no pasará a la Historia de la Literatura universal como un gran literato como sí lo fue J. R. R. Tolkien, mas muchos desconocen que el autor de Canción dedicó veinte años de su vida a estudiar la Edad Media, cantidad de tiempo que muchos no acumulan ni en su propia edad, y aun así se creen en la potestad de emitir una opinión. “¿Por qué no puedo hacerlo? ¿Qué me lo impide?”, aducen sin pararse a pensar que quizás son víctimas de su propia irracionalidad. No estoy entrando en el terreno personalísimo de los gustos, sino de la moral.

No comulgo con la forma de pensar de Martin, ni siquiera me gusta su obra en general, a excepción de Canción, pero ello no me impide saber valorar su obrar por lo que es y no por lo que quiero que sea. Esa es la clave y no otra.

Continuando con más ejemplos, aborrezco las sagas Half-Life y Halo, pero jamás emitiré una opinión infundada, pues va en contra de la moral (no de mi moral), pero sí puedo aseverar que, de acuerdo con mis gustos, son franquicias que evito en la medida de lo posible.

La opinión, como el amor, es un veneno, un veneno dulce, sí, pero un veneno que mata. Me he permitido el lujo de parafrasear a la reina Cersei, pues es a través de los personajes de Martin que somos conscientes de la sabiduría y experiencia acumuladas por el autor estadounidense. La razón y el arte son entes indisociables; la opinión ha de estar en todo momento (y lugar) fundada. No es un camino fácil, pero tampoco ha de serlo.

EL VIDEOJUEGO, LA PIÑATA PERFECTA

Como he comentado antes, la comunidad de jugadores ha descubierto un maniquí balístico en el que poner a prueba sus opiniones estultas. Continuando con ejemplos, Death Stranding o The Last of Us – Part II han resultado ser las piñatas perfectas para que muchos individuos inmorales lancen sus detritos mentales. En lo que respecta a la última obra maestra de Kojima, estamos siendo ahora testigos de cómo una nueva oleada de jugadores está sabiendo apreciar lo que la obra tiene que aportar al videojuego; en lo tocante al reciente trabajo de Naughty Dog, muchos han quedado en evidencia al emitir una sarta de opiniones sumamente infundadas, lo cual ha provocado la reacción del polo opuesto, el cual no ha dudado en lanzar una serie de opiniones aun más peregrinas.

Sea como fuere, cada nuevo lanzamiento o acontecimiento que se sucede dentro de la industria del videojuego es objeto de paupérrima opinión. La falta de escrúpulos, de vergüenza y de respeto son evidencias insoslayables de la total escasez moral reinante entre la comunidad de jugadores. Si alguien se molesta o se siente aludido u ofendido, he de aclarar que no me importa lo más mínimo; la libertad de expresión sería un falso derecho si no incomodase. En vez de enfadarnos o arremeter contra los demás, quizás debamos hacer autocrítica y analizar en qué fallamos. No es viable que, sin formación ni conocimientos, sepamos todos los entresijos de todos los videojuegos que se lanzan al mercado. Es completamente imposible; pues aun con todo, el “opinólogo” medio tiene que dar, valga la redundancia, su opinión… o revienta.

Empero, el lector más atento y preocupado por la coherencia interna de este artículo estará pensando lo siguiente: “¿No es acaso este artículo una opinión?” Mi respuesta la tendréis a continuación.

OPINIÓN, SUS GRADOS Y SUS DIFERENCIAS CON LA REFLEXIÓN

Es habitual en el mundo anglosajón poseer seguro médico en vez de recurrir a la Seguridad Social. Para los europeos, en concreto los mediterráneos, no es común acudir a distintos especialistas del ámbito privado. Repito: No es común, no estoy afirmando que no se produzca. No obstante, en los países anglosajones existe la tendencia a buscar distintas opiniones médicas cuando uno se halla ante lo que podría ser una enfermedad grave. ¿Por qué se buscan esas segundas, terceras o incluso cuartas opiniones? Porque somos conscientes de que las personas somos falibles y, además, porque queremos opiniones fundadas, cualificadas y sustanciadas en base a la experiencia y al conocimiento.

De lo anterior, podemos llegar a la conclusión de que no todas las opiniones valen lo mismo ni han de ser escuchadas, es decir, si uno cree que posee la libertad para decir lo primero que se le pase por la cabeza sin filtro alguno, otro tiene la misma libertada para ignorarlo completamente. Continúo con más ejemplos relacionados con el mundo de la medicina: Imaginad que ha surgido una novísima técnica de trasplante de corazón, ¿vale lo mismo la opinión de un cardiólogo que lleva tres décadas realizando operaciones a corazón abierta o la de un lego en la materia? Quizás las técnicas de trasplante de corazón no sean atractivas para que cualquier persona emita una opinión sin fundamento. Los videojuegos, empero, al igual que la política sí son campo fértil para que crezcan opiniones infundadas. ¿A qué se debe esto? Se debe a la aparente sencillez que rodea a los videojuegos (o a la política). Esto, con todo, es más aparente que real, pues un videojuego es un ejercicio de la más alta ingeniería informática, mientras que la política es una miríada de variables que dependen de coyunturas muy concretas y cuyo estudio de una sola de esas variables en un momento y lugar determinados daría para dedicar toda una vida humana.

Somos los seres humanos perecederos, de ahí que nazca ese impulso por intentar poseer una opinión que “tape” esos agujeros de conocimiento. La realidad, pese a todo, es tozuda: Sano es querer estar instruido e informado sobre muchos campos, disciplinas y materias, pero todos, incluso los genios (aunque nosotros no lo seamos), debemos especializarnos, pues de otro modo caemos en la divagación y en la imprecisión. No me gustan los refranes, pero “quien mucho abarca, poco aprieta.”

Hay, como mínimo, tres grados de opinión: La infundada, que es la más habitual; la fundada, que es fruto de la formación y/o la experiencia; y la cualificada, que se desarrolla una vez que el individuo domina una materia, campo o disciplina determinados. Pongo otro ejemplo más, esta vez relacionado con Halo: Infinite. Si afirmo que el motor gráfico es basura, mi opinión es infundada porque no sé programar ni una sola línea de código, y mucho menos sé analizar un motor gráfico; si poseo la suficiente formación y/o experiencia con motores gráficos, podré opinar y aportar datos más o menos interesantes, pero deberé aclarar que no conozco del todo el motor gráfico; si he participado en el desarrollo o soy un completo experto en motores gráficos, podré desarrollar una opinión altamente cualificada.

Como podréis imaginaros, cuanto más infundada es una opinión, más común resulta. Las opiniones cualificadas existen, mas suelen ser ignoradas debido a sus tecnicismos y precisión, que exigen un esfuerzo intelectual más elevado que el simple hecho de escuchar o leer la opinión peregrina de un “opinólogo, chamán o gurú”, que proliferan como hongos en este mundillo nuestro.

¿Y qué ocurre con la reflexión? Lo que muchos llaman “ensayos o tesis” son, en realidad, opiniones. Todas las reflexiones poseen opiniones benignas, pero no todas las opiniones guardan reflexiones. Una reflexión supone un acto mediante el cual el individuo expresa unos pensamientos pasado un determinado tiempo. Como ocurre con las opiniones, las reflexiones pueden ser más profundas o superficiales dependiendo de la formación y/o experiencia del emisor. Es por ello por lo que solemos confundir opiniones con reflexiones y viceversa; mientras que las reflexiones son benignas y puramente personales, las opiniones son la metástasis del conocimiento. La reflexión es sana y hasta necesaria, pero si nos embriagamos de reflexión podemos caer en el abismo de la divagación. Tenedlo presente.

CONCLUSIÓN

Las Facultades de Humanidades y Letras se han desviado de su objetivo inicial, esto es, de la búsqueda del conocimiento mediante técnicas cualitativas. Abandonadas la razón y la cordura, tales Facultades se han convertido en auténticos manicomios. Es triste observar la deriva que han tomado. Su contaminación ha llegado también al mundo del videojuego, pudriendo y corrompiendo cuanto tocan. La situación actual es muy preocupante.

No estoy afirmando que tengamos que comportarnos como autómatas, sino que debemos ser conscientes de lo que es y no abrazar lo que queremos que sea. De cualquier modo, recordad que los ensayos, por ejemplo, se escriben a la vejez, en el momento en que una persona está acabando su ciclo vital, pues tras una larga vida académica dedicada a la búsqueda de la verdad, puede la persona emitir unas conclusiones. Montaigne no escribió sus ensayos con veinte o treinta años, más bien en los últimos años de su vida. Ello deja a las claras que la disciplina y la rectitud moral han de regir lo académico (y lo artístico).

En pleno imperio del relativismo moral y del subjetivismo desbocado, es hora de comenzar a templar las mentes. Ello desembocará, indefectiblemente, en una comunidad de jugadores más sana. Sé que es difícil, casi quimérico, pero el conflicto fruto de la polarización, la irracionalidad, la pasión y, sobre todo, la opinión suponen el camino perfecto para alcanzar la perdición moral e intelectual.


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Un oso (jacoso) varado en una isla de monos.

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